De una clásica bodega con rejas y mostrador a un moderno autoservicio. Humberto Soto tomó el negocio que sus padres levantaron hace más de 40 años y decidió transformarlo sin perder su esencia de barrio. Hoy, a sus 33 años, está al frente de Market Soto, en San Juan de Lurigancho, y acaba de ser reconocido como Bodega del Año 2026-2027.
Humberto, vienes de una familia de bodegueros. ¿Cómo empezó esta historia?
Esto no comenzó conmigo, sino con mis padres hace más de 40 años. Siempre fui parte del negocio, pero en 2018 tomé la decisión de asumir la administración de Market Soto, en San Juan de Lurigancho, y continuar con el legado familiar. Mi objetivo era pasar de una bodega tradicional a un modelo de autoservicio moderno.
¿Cómo era la bodega en ese entonces?
Era la clásica bodega de barrio, con un mostrador al frente y rejas. No teníamos caja ni nada por el estilo. Hoy somos un autoservicio donde los vecinos pueden entrar, recorrer los pasillos con sus carritos y comprar con tranquilidad. Tenemos dos puntos de venta, delivery, frutas, verduras, especias, agentes bancarios y otros servicios. Modernizamos el negocio, pero mantuvimos la cercanía con nuestros vecinos.
¿Qué fue lo más difícil de esa transformación?
La parte financiera, porque tuvimos que pedir un crédito para arrancar con la modernización. También fue difícil la parte técnica. Necesitábamos un sistema de punto de venta y, en ese momento, no había tantas opciones como ahora y eran muy caras. Otro reto fue formar un equipo sólido y de confianza.
¿En algún momento pensaste en tirar la toalla?
Hubo momentos de duda, claro, pero nunca pensé en tirar la toalla. Siempre me repito una frase: “Mis sueños por cumplir no son negociables”.
¿Cuál fue el mayor reto que tuviste que superar como emprendedor?
Perder el miedo al cambio. Era un negocio tradicional con más de 40 años y había paradigmas que estaban muy marcados. Tuve que cambiar mi propia mentalidad y la del equipo. Pasar de atender detrás de un mostrador y unas rejas a dejar que el vecino entre y compre con otra experiencia implicó ordenar las finanzas, estandarizar procesos, controlar inventarios y confiar en que los vecinos responderían bien a la modernización.
¿Qué innovaciones marcaron un antes y un después en Market Soto?
Primero, digitalizar el negocio. Toda venta debe pasar estrictamente por caja y toda compra a proveedores tiene que registrarse en el sistema. Son dos procesos no negociables. También incorporamos cobros digitales, agentes bancarios y delivery. Otra herramienta importante es BEES, socio estratégico de Backus, porque nos permite hacer nuestros pedidos de una manera mucho más sencilla, ahorrar tiempo y concentrarnos en la atención al cliente.
¿Qué error te dejó una de las mayores enseñanzas?
Querer hacerlo todo. Al comienzo atendía en caja, hacía los pedidos a los proveedores y hasta realizaba el inventario. Con el tiempo entendí que uno no puede hacerlo todo. Hay que formar un equipo y delegar funciones para concentrarse en lo más importante, que es gestionar y administrar bien el negocio para que siga creciendo.
¿Las capacitaciones también ayudaron en ese cambio?
Sí. Con Fundación Backus aprendí mucho sobre el manejo financiero, cómo ordenar nuestras cuentas y también sobre logística y control de inventarios. Todo eso me ayudó a ordenar las tareas, delegar y poder enfocarme en hacer crecer el negocio.
Siempre hablas de cambiar la mentalidad del bodeguero, ¿por qué?
Porque tenemos que dejar de ver la bodega como un simple medio de subsistencia. Una bodega también puede convertirse en una empresa real. Contratamos personal, compramos mercadería, vendemos y buscamos clientes. Se puede manejar como una empresa, pero primero tenemos que romper ese paradigma.
¿Qué significa para ti ser bodeguero?
Es un orgullo y también una responsabilidad. Market Soto es parte del barrio. Conozco a mis vecinos por sus nombres y he visto crecer a muchas familias. Hay tanta confianza que algunos nos dejan sus llaves o encargos para entregárselos después a algún familiar. Esa cercanía es algo muy especial que tenemos las bodegas.
Esa responsabilidad también implica cuidar a tus clientes...
Claro. Gracias a Backus y Fundación Backus recibimos capacitaciones sobre venta responsable de bebidas alcohólicas a través de la Guía de Consumo Responsable. Eso nos ayuda a entender cómo cuidar a nuestros clientes y a nuestra comunidad. Por ejemplo, si un vecino está comprando cerveza, podemos ofrecerle también una opción sin alcohol para que pueda alternar. Es otra forma de cuidar a nuestro barrio.
¿Cuáles son hoy las principales dificultades que enfrentan los bodegueros?
Una es el miedo a la tecnología. Todavía hay bodegueros que temen implementar un sistema de punto de venta, aunque ahora existen alternativas mucho más accesibles. También están la falta de capital, el acceso al crédito y la necesidad de capacitación. Muchos trabajan tantas horas en la parte operativa que descuidan la gestión del negocio. Y, por supuesto, está la inseguridad ciudadana que vivimos en el país.
¿Qué necesita un bodeguero que quiere hacer crecer su negocio?
Necesita estudiar y prepararse. Hay mucha competencia y debemos capacitarnos en administración, ventas, manejo de personal y logística. También necesitamos herramientas digitales de nuestros proveedores. En mi caso, estoy muy agradecido con BEES porque podemos acceder las 24 horas, revisar precios, hacer nuestros pedidos y mantener la tienda abastecida. Contar con un buen surtido también es clave. En Market Soto, por ejemplo, la cerveza representa cerca del 30 % de nuestros ingresos.
¿Cómo llegaste a participar en el concurso Bodega del Año 2026-2027?
Soy socio de la Asociación de Bodegueros del Perú y había visto las historias inspiradoras de otros colegas que participaron en años anteriores. Eso me motivó. Pero también tenía un objetivo personal: quería que mis padres recibieran un reconocimiento, porque ellos comenzaron esta historia hace más de 40 años. El reto era ganar y finalmente se logró. Fue una alegría para mí, para mi familia y para todo el equipo de Market Soto.
¿Qué papel ha tenido la Asociación de Bodegueros del Perú en este camino?
Cumple un papel muy importante porque representa y visibiliza el esfuerzo de miles de bodegueros que todos los días sacamos adelante nuestros negocios y nuestras familias. Ser reconocido como Bodega del Año 2026-2027 fue un orgullo enorme y también un reconocimiento a los más de 40 años de historia de nuestro negocio.
¿Y qué aporte ha tenido Backus en la profesionalización de la bodega?
Las capacitaciones, las herramientas de digitalización y sus programas nos han acompañado para que el negocio crezca y se profesionalice. Y no se trata solamente de aprender a vender más. También hemos recibido capacitación sobre consumo y venta responsable de bebidas alcohólicas, que es un tema muy importante para nosotros como bodegueros.
¿Qué significa para ti haber recibido este reconocimiento?
Es la prueba de que el trabajo duro, la constancia, la fe y las ganas de innovar dan frutos. Creo que el jurado vio nuestra evolución. No nos quedamos en el pasado. En 2018 decidí arriesgarme, innovar, digitalizar el negocio y convertirlo en un referente de servicio para nuestra comunidad.
Volvamos a tu frase “Mis sueños por cumplir no son negociables”. ¿De dónde nace?
Nace de pensar en el futuro. Cuando llegue a viejito no quiero preguntarme: “¿Qué hubiera pasado si no lo intentaba?”. Por eso lo estoy intentando ahora. Desde niño, cuando iba a los supermercados grandes, soñaba con algún día poder consolidar uno. Esa frase es mi motor para superar los obstáculos, no ser conformista y demostrar que las bodegas de barrio, si se profesionalizan y se capacitan, pueden competir a un gran nivel.
¿Y cuál es ahora ese sueño que no estás dispuesto a negociar?
Quiero estandarizar completamente todos los procesos de Market Soto para poder escalar el negocio y abrir nuevas sucursales. También quiero demostrar que la bodega de barrio en el Perú tiene un futuro gigante y que podemos crear negocios modernos y competitivos sin perder nuestra esencia: la cercanía con nuestros vecinos.
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