Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un escabeche de bonito con su arrocito graneado, rocotito molido y, para tomar, una jarrita de naranjada con hielo. “María, las mafias de cobro de cupos desataron el miércoles una matanza en un paradero de mototaxis, en San Juan de Lurigancho.
Dispararon a matar contra un grupo de transportistas, asesinando a tres de ellos y dejando graves a cinco más. Todo para obligarlos a pagar extorsiones diarias en la avenida Canto Bello de Canto Grande. Los sobrevivientes señalaron a una banda de venezolanos como la responsable del demencial ataque.
“Es por el cobro de cupos que los venezolanos han querido agarrar toda esta zona”, dijo uno. Fue en venganza porque el comité de mototaxistas se unió para negarse a pagar a los extorsionadores.
Ya es hora de darle con todo a esos delincuentes, buscarlos debajo de las piedras, encarcelarlos o botarlos a su país para que Nicolás Maduro se encargue de ellos. Eso nos pasa por ‘buenitos’, abriéndoles las puertas a todo extranjero que llega a nuestras fronteras.
Nuestro país es una coladera y aquí se meten peligrosos delincuentes, violadores y asesinos. Ciertamente no hay un plan para combatir a la delincuencia extranjera y, más bien, les damos beneficios a los migrantes ilegales. Los hampones extranjeros lentamente se están metiendo en todas las modalidades delictivas.
Están en la prostitución clandestina, en la extorsión, el raqueteo, el sicariato y la venta de drogas. Son los más sanguinarios y exhiben un desprecio total por la vida humana. Arman fiestas lujosas en yates o casas vistosas, con bellas mujeres, tragos caros y hasta con orquestas, todo con dinero mal habido y manchado de sangre. Hacen bien los mototaxistas en no ceder al chantaje, pero deben estar más organizados.
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