Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una chuleta de chanchito con papas doradas, salsa criolla y, para tomar, chicha morada. “María, veo en televisión y en redes sociales a numerosos venezolanos que huyeron de su país por culpa de la dictadura chavista, indignados con esos personajes de la izquierda, que no son de su país, que están rabiosos por el operativo de Estados Unidos en Venezuela para capturar al dictador Nicolás Maduro.
Los llaneros se preguntan con qué autoridad moral esos tipos critican que los gringos hayan ingresado a la nación caribeña, cuando antes no dijeron nada de los secuestros, torturas y asesinatos del régimen socialista de Maduro.
Cuando robaban elecciones y transformaban a ese rico país en uno de los más pobres y violentos. Callaron cuando los chavistas, todos incapaces, torpes y ladrones, se dedicaron a esquilmar a Venezuela llevándose miles de millones de dólares a sus cuentas en el extranjero.
A esos que se rasgan las vestiduras contra Trump y repiten como loros que Sudamérica ‘no es el patio trasero de Estados Unidos’ no les importa que los venezolanos pasen hambre, que no tengan medicinas ni combustibles ni electricidad ni Internet. A esos críticos solo les desespera que Estados Unidos se lleve el petróleo venezolano.
Pero los mismos llaneros señalan que están dispuestos a pagar ese precio con tal de que se termine el chavismo que les arruinó la vida. Además, aclaran que hace varios años los rusos, chinos, cubanos, iraníes y otros se llevan su petróleo. Tienen la esperanza de que con los norteamericanos la situación mejore. Si los venezolanos piensan así, de qué se molestan los ‘dignos’. Por lo demás, este vía crucis de los chamos debería enseñarnos a los peruanos a votar mejor.
Hace casi tres décadas eligieron a Hugo Chávez pese a las advertencias de que era un comunista apoyado por Cuba que solo les traería desgracias. Respondían que la miseria de Cuba jamás la vivirían ellos porque su país está sobre un océano de petróleo. Hoy siguen sin poder salir del hoyo. Una desgracia”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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