COLUMNA FÍSICA Y MENTALMENTE SALUDABLES. La ansiedad activa el cortisol, una hormona que eleva el apetito, y reduce la serotonina, lo que empuja al cerebro a buscar carbohidratos y azúcares.
Esto genera el hambre emocional: una respuesta del cuerpo para liberar dopamina, obtener placer rápido y aliviar el malestar.
CONSECUENCIAS PRINCIPALES
RELACIÓN CON EL SOBREPESO
El cortisol crónico favorece el almacenamiento de grasa en el abdomen (grasa visceral). Los picos constantes de azúcar pueden causar resistencia a la insulina y ralentizar el metabolismo.
Esto crea un bucle: la ansiedad provoca aumento de peso y el sobrepeso genera más ansiedad. Con el tiempo, puede derivar en obesidad y diabetes.
Para romper este ciclo, es vital aprender a diferenciar el hambre física del hambre emocional.
Es una tarea difícil, pero tomar conciencia de las consecuencias de comer por placer de forma impulsiva ayuda a controlarlo, apoyándose en la actividad física y, de ser necesario, en la ayuda de un médico, nutricionista o psicólogo para encontrar la causa de fondo.
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