La frase ‘Los perros ladran, es señal de que estamos avanzando’ logró notoriedad recientemente al ser utilizada por la presidenta Keiko Fujimori en uno de sus discursos oficiales.
Esta expresión popular significa que las críticas, insultos o ataques de los demás no deben detener nuestro camino, sino que son una prueba de que progresamos y hacemos cosas importantes.
En esta metáfora, los perros representan a los detractores o la envidia, mientras que el acto de cabalgar simboliza el progreso, la acción y el cumplimiento de las metas a pesar del ruido externo.
Aunque la idea es clara, su origen no es el que se cree. Y es que la famosa frase ‘Ladran, Sancho, señal que cabalgamos’ —a menudo citada como ‘Ladran los perros, Sancho, luego cabalgamos’ o ‘Sancho, si los perros ladran, es señal de que avanzamos’— es atribuida a don Quijote, cuando no existe en ninguna parte de la novela ‘Don Quijote de la Mancha’ de Miguel de Cervantes Saavedra.
El pasaje en el que aparecen perros ladrando (Parte II, Capítulo IX) solo dice: “no se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho”, sin ninguna respuesta al respecto.
Tampoco aparece en el libro Vida de don Quijote y Sancho, de Miguel de Unamuno; ni es de la autoría de Orson Welles, quien incluyó una variante de la frase en el guion de su película inacabada El Quijote (estrenada en 1992). Todo esto terminó por consolidar de manera global la falsa creencia de que el hidalgo de la Mancha la pronunció alguna vez.
Entonces, ¿de dónde viene?
El origen real de la expresión procede de un poema del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, titulado ‘Kläffer’ (‘El ladrador’), publicado en 1808.
La incorporación del escudero, Sancho Panza, y la forma adaptada al español es un añadido posterior atribuido al poeta nicaragüense Rubén Darío a principios del siglo XX.
Su versión, ‘Si los perros ladran, Sancho, es señal de que cabalgamos’, nació como un homenaje literario a Cervantes. Con el tiempo, la frase se popularizó y la memoria colectiva la adjudicó erróneamente al ingenioso hidalgo.
El poema ‘Kläffer’ expresa originalmente la idea de que los ladridos de los detractores solo son la prueba de que el viajero avanza.
“Cabalgamos en todas direcciones
en pos de alegrías y negocios;
pero siempre atrás nos ladran
y ladran con todas sus fuerzas.
Quisieran los perros del establo
acompañarnos todo el tiempo,
pero el ruidoso sonido de sus ladridos
solo demuestra que cabalgamos".
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