Tus hijos no necesitan ser parte de una discusión para aprender de ella. Basta con que vean cómo tú y tu pareja se hablan, resuelven los problemas o reaccionan cuando algo no sale como esperan. Esas conductas se convierten en su primera referencia sobre cómo funcionan las relaciones.
“Cuando estas formas se repiten en casa, el niño puede llegar a normalizarlas. Si ve que papá trata mal a mamá o viceversa de manera cotidiana, deja de reconocerlo como violencia y puede asumir que así funcionan las relaciones”, explica el psicólogo Héctor Lazo.
Esta percepción puede trasladarse a sus propios vínculos. Gritos, insultos, comentarios machistas o reacciones agresivas pueden convertirse en conductas que los hijos reproduzcan o toleren. Y no hace falta esperar a que sean adultos para verlo: desde pequeños pueden asumirlas como una manera válida de relacionarse con los demás.
Por eso, cuidar el vínculo de pareja también es una forma de cuidar el modelo de amor que reciben los hijos.
“Papás y mamás, antes de discutir o cruzar la línea de la violencia, piensen qué ejemplo les están dando a sus hijos. ¿Quieren que aprendan a construir relaciones sanas o que repitan su historia? Los niños no aprenden con órdenes, sino con el ejemplo. Si queremos que sepan amar y respetar, primero tenemos que mostrarles cómo se hace”, afirma Lazo.
Los modelos aprendidos en casa pueden influir en las relaciones futuras, pero no las determinan. A medida que vamos creciendo, podemos conocer otras formas de vincularnos y romper patrones.
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