Actualmente no hay espacio para el diálogo. Ante el mínimo desacuerdo, se grita, se pelea y la tensión se apodera del espacio. Para evitar estas reacciones y vivir en armonía, hay que desarrollar la inteligencia emocional, que consiste en comprender, regular y utilizar las emociones de forma eficaz en la vida personal y profesional.
Alcanzar esta capacidad no es fácil, pero tampoco imposible. Una vez que eres consciente de ello, los beneficios son diversos: reduce el estrés, mejora tus relaciones interpersonales al facilitar una comunicación asertiva, fortalece tu empatía y optimiza tu rendimiento.
Para cultivarla, ten paciencia y pon nombre a lo que sientes. De preferencia, lleva un diario donde puedas apuntar qué situaciones te provocan alegría, enojo o tristeza. Otra clave es hacer pausas y respirar profundamente antes de actuar de forma impulsiva. Cuenta hasta diez antes de responder.
También escucha de manera activa para conocer el punto de vista del resto y no los juzgues. Finalmente, trata de resolver los desacuerdos teniendo en mente un objetivo: el bienestar común y la cooperación.
Si te alteraste, saca el exceso de adrenalina de tu cuerpo caminando, moviendo las manos y los brazos, o tensando y relajando tus músculos. Si estás en tu casa, lávate la cara o bebe un vaso con agua.
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