Se detecta mediante un examen llamado tonometría, que mide la presión ocular. Es rápido, no duele y puede prevenir complicaciones. Foto: Istock
Se detecta mediante un examen llamado tonometría, que mide la presión ocular. Es rápido, no duele y puede prevenir complicaciones. Foto: Istock

La hipertensión ocular es una condición silenciosa que muchas veces avanza sin dar señales claras, pero que puede poner en riesgo la visión si no se detecta a tiempo.

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Se produce cuando la presión dentro del ojo supera los niveles normales —entre 10 y 21 mmHg (milímetros de mercurio)— y, aunque no siempre provoca daño inmediato, puede convertirse en la antesala del glaucoma, una enfermedad irreversible que afecta el nervio óptico.

Se detecta mediante un examen llamado tonometría, que mide la presión ocular. Es rápido, no duele y puede prevenir complicaciones. Foto: Istock
Se detecta mediante un examen llamado tonometría, que mide la presión ocular. Es rápido, no duele y puede prevenir complicaciones. Foto: Istock

Muchos creen que, si ven bien, sus ojos están sanos, pero la hipertensión ocular suele no presentar síntomas en etapas iniciales”, advierten especialistas de la clínica Oftalmosalud.

Por ello, recalcan la importancia de realizarse chequeos oftalmológicos periódicos, especialmente si existen antecedentes familiares de glaucoma, diabetes, hipertensión arterial o miopía.

En algunos casos, los pacientes pueden experimentar visión borrosa, dolor ocular, dificultad para adaptarse a la oscuridad o pérdida progresiva de la visión periférica. Sin embargo, cuando aparecen estas señales, el daño ya podría estar avanzando.

Los especialistas explican que el tratamiento busca reducir la presión intraocular para evitar complicaciones graves. Dependiendo del caso, se indican gotas oftálmicas, terapia láser o incluso cirugía.

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