
La hipertensión es una enfermedad que, aunque suele asociarse a los adultos, también puede presentarse en niños y adolescentes. Por ello es importante reconocer sus señales de alerta, especialmente en la etapa escolar.
La doctora Karina Culqui, cardióloga pediátrica del Hospital Nacional Alberto Sabogal Sologuren, advierte que esta condición, caracterizada por la elevación crónica de la presión arterial, suele ser silenciosa. Sin embargo, en casos severos puede acompañarse de dolor de cabeza y de pecho, irritabilidad, náuseas, mareos y visión borrosa.
Esta enfermedad se presenta con mayor frecuencia en niños con sobrepeso, obesidad, enfermedades renales o cardiopatías congénitas.

A diferencia de los adultos, no existe un valor único para su diagnóstico, ya que se determina según la edad, el sexo y la talla del menor. En estos casos, la presión arterial debe encontrarse por encima del percentil 95 en dos mediciones distintas.
“Los factores de riesgo incluyen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, nefropatía crónica o hipertensión arterial, así como prematuridad, bajo peso al nacer e infecciones urinarias recurrentes”, señala la especialista, quien recomienda iniciar los controles a partir de los 3 años.
DATITO
De no ser detectada y tratada a tiempo, la presión arterial elevada en la infancia puede afectar el corazón y los riñones, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares en la adultez.










