
El estrés no solo afecta a las personas. Perros y gatos también pueden enfermarse cuando viven situaciones que les generan miedo, ansiedad o cambios constantes en su rutina.
Una mudanza, quedarse solos muchas horas, ruidos fuertes, la llegada de otro animal o incluso la falta de actividad pueden alterar su bienestar emocional. Y muchas veces el cuerpo termina hablando por ellos.

Algunos dejan de comer, se lamen en exceso, pierden pelo o cambian de comportamiento. En gatos el estrés puede provocar problemas urinarios. En perros puede causar ansiedad, destrucción de objetos o trastornos digestivos.
El problema es que muchas veces se piensa que ‘ya se le pasará’ y no se busca la causa real. La salud emocional también importa. Un animal que vive con miedo o tensión constante puede enfermarse igual que cualquier persona. Entender eso también es parte de cuidarlos bien.










