El calcio no solo está en los huesos, es un mineral que cada día sostiene órganos vitales. Tu esqueleto funciona como banco de reserva. Cada vez que tu organismo lo necesita y no lo consumes, lo sacas de ese banco; es decir, te desmineralizas y puedes ir perdiendo poco a poco esa consistencia del hueso que llamamos densidad ósea.
Si necesitamos aproximadamente 1000 mg de calcio al día, debemos saber cómo están distribuidos: en los riñones, 150 mg, que regulan el calcio en la sangre y activan la vitamina D para absorberlo. Un desbalance favorece los cálculos renales.
En el corazón, 100 mg: el calcio entra a la célula cardíaca para producir la contracción y mantener un ritmo regular. En los intestinos, 600 mg: es la mayor demanda porque aquí se absorbe el calcio de los alimentos y participa en la motilidad intestinal.
Y en el cerebro, 150 mg: participa en la liberación de neurotransmisores y la comunicación entre neuronas, clave para la memoria y la atención.
Una alimentación balanceada va a cubrir tus requerimientos con la ingesta de lácteos, verduras de hoja verde y menestras; por ello, siempre es muy importante una evaluación médica regular.
Contenido GEC