La grasa visceral es metabólicamente activa, lo que significa que libera hormonas, sustancias inflamatorias y ácidos grasos que alteran el funcionamiento normal del cuerpo. Foto: composición/Istock
La grasa visceral es metabólicamente activa, lo que significa que libera hormonas, sustancias inflamatorias y ácidos grasos que alteran el funcionamiento normal del cuerpo. Foto: composición/Istock

El mito de que toda la grasa es solo un problema estético o de peso en la balanza es el punto de partida para aclarar que detrás de esto hay muchas cosas más.

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La grasa, por su ubicación, tiene una función metabólica. Tenemos la grasa subcutánea (almacenamiento). Es la que está justo debajo de la piel, la que podemos pellizcar. Su función principal es ser reserva de energía y aislante térmico.

Aunque en exceso también trae problemas, es metabólicamente menos activa y menos peligrosa que la visceral. La grasa visceral o abdominal trae daño metabólico: rodea órganos internos como el hígado, páncreas e intestinos. No siempre se ve por fuera, pero es muy activa biológicamente y libera sustancias inflamatorias.

Las consecuencias asociadas son: mayor inflamación sistémica crónica, mayor resistencia a la insulina —antesala de la diabetes tipo 2—, mayor riesgo cardiometabólico que incluye hipertensión, infarto y ACV, y mayor mortalidad incluso con un IMC normal.

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