El Chato Matta llegó al restaurante por un estofado de res con arroz blanco, papita amarilla y ajicito molido. Después pidió una jarrita con limonada y hierbabuena. “María, el gran Pancholón me mandó un audio de ‘wasap’. ‘Causita -me dijo-, casi no la cuento y todo por irme de avance en La Posada.
Mis brothers que juegan tenis conmigo estaban emocionados por los triunfos de ‘Nacho’ Buse y me invitaron unos tragos. Yo estaba bajoneado porque me había salido mal un ‘business’ y me presentaron a una modelito para levantarme el ánimo.
‘Doctor, muchas diligencias en una semana, se le ve cansado y ojeroso, bote el estrés con una buena encerrona, olvídese de las audiencias’, me dijeron. ‘Somos los que somos, bingo, dame que te doy’, grité emocionado y enrumbé a La Posada, donde me abren las puertas a toda hora porque llevo entrando más de 25 años a ese point de los infieles.
‘¡Uy, este gordito no creo que me vaya a hacer ni cosquillas!’, escuché que murmuró la flaquita cumbiambera, y me puse como esos toros que recién van a salir a las corridas. Pedí roncito en las rocas y un tema clásico de Agua Bella. ‘Cuando vayas a bailar/ No te olvidarás de mí/ Cuando vayas a bailar/ No te olvidarás de mí/ Porque tienes que bailar/ este pasito tun tun/ porque tienes que bailar/ este pasito tun tun/ Pasito tun tun/ pasito tun tun...’”.
“Todo estaba bonito y pensé ‘voy a dejar bien a los varones con mi espectacular y legendario salto del chanchito’. Me tomé la milagrosa pastillita azul y booom. Apenas empezó la función me comencé a sentir mareado. Me dolía el pecho, mi corazón estaba acelerado. Estoy seguro de que le pusieron algo a mi vaso de ron.
Chato, tú sabes que soy sano. Nunca me he metido esas porquerías por la nariz, solo mi traguito y mujeres. Pero siempre fui inquieto. Me han querido atrapar, hacer la camita, el corralito, y hasta brujería cuando encontré un muñeco gordito clavado con un montón de alfileres en la puerta de mi casa, pero nadie puede cambiarme.
La cosa es que lo último que recuerdo es que todo se nubló. Quería abrir los ojos y no podía. A lo lejos escuché que gritaban ‘se muere, se muere el gordo...’. Desperté en la cama de mi casa. No me acuerdo de nada.
Chato, los años no pasan en vano, tengo taquicardia y estoy mal de la próstata porque orino a cada rato, pero los viejos guerreros mueren de pie, así que estoy esperando recuperarme y hacerla bonita, la noche es joven, la pampa es para todos’”. Ese señor Pancholón es un tremendo cochino y mujeriego. Ni porque está enfermo deja de contar sus sinvergüencerías. Me voy, cuídense.
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