
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un estofado de gallina criolla con arroz y ensalada fresca. Para tomar pidió una jarrita de hierbaluisa tibia.
“María, el Perú recibió ayer una gran noticia: el tenista nacional Ignacio Buse clasificó a la final del ATP 500 de Hamburgo de tenis al vencer al estadounidense Aleksandar Kovacevic.
Este tremendo triunfo lo coloca entre los 40 mejores tenistas del planeta y se une a recordadas figuras como Luis Horna y Jaime Yzaga. Es un orgullo para todos nosotros.
Hace unas semanas, la marchista Kimberly García se proclamó bicampeona en el torneo de República Checa, al imponerse en la modalidad de media maratón. Y sueña con el oro olímpico que ojalá consiga en Los Ángeles 2028.
Ambos deportistas son el fruto de un trabajo serio y prácticamente sin ayuda del Estado. Como todos los deportistas de élite, tanto Ignacio como Kimberly sacrifican muchas cosas para llegar a ser los mejores.
Mientras otros jóvenes piensan en la juerga y discotecas, estos dos deportistas entrenan desde bien temprano, no fuman, no trasnochan y tampoco hacen desarreglos. Todo en pos de dejar el nombre del Perú en alto”.
“Son un ejemplo para la juventud, pues demuestran que con disciplina, orden y trabajo se puede llegar lejos y convertir en realidad los sueños. Pero no se crean que solo viven de las medallas. Con los triunfos llegan los grandes contratos con marcas y auspiciadores.
Un tenista profesional en el Top 40 del ranking generalmente gana entre medio millón y un millón y medio de dólares anuales en premios oficiales, sin contar los contratos por publicidad.
En ese espejo se deben ver esos muchachos que quieren riquezas de la noche a la mañana, sin esforzarse, y que entonces cometen delitos malogrando así su vida.
Ser honesto y trabajador es el camino al éxito. Los jóvenes deben plantearse metas y aprovechar el tiempo dedicándose al deporte, a los estudios, a aprender idiomas, tecnología, a trabajar para lograr sus objetivos”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








