Cusco explora un turismo regenerativo que conecta territorio, comunidad y economía circular. (Foto: Andina)
Cusco explora un turismo regenerativo que conecta territorio, comunidad y economía circular. (Foto: Andina)

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un arroz a la jardinera, pollito frito y ensalada fresca. Para tomar pidió una jarrita de maracumango. “María, los peruanos vivimos en una tierra privilegiada. Aquí tenemos todo: inmensas selvas, una sierra rica en minerales, el lago más alto del mundo, 200 millas marítimas y un pasado cultural esplendoroso.

Además, la comida más deliciosa del planeta, hermosas playas, ríos, lagunas, vestigios arqueológicos y ciudades de ensueño. Lo lógico es que seamos uno de los países más visitados de la Tierra. Pero no lo es.

Llama la atención que Chile, que no tiene nada que ofrecer como el Perú, que carece de un Machu Picchu, de la selva amazónica o de restos de culturas avanzadas, reciba igual o más visitantes que nosotros.

El año pasado llegaron a nuestro territorio un poco más de 4 millones de turistas, pero México tuvo ¡47 millones! Eso tiene una explicación: el poco apoyo estatal y una mala gestión de recursos y maltrato a los extranjeros”.

Hace poco nomás se vio cómo los turistas tenían que esperar largas horas, incluso de amanecida, para sacar un boleto a fin de conocer Machu Picchu. O que cada vez que hay huelgas se cortan los trenes y caminos y dejan varados a cientos de visitantes. Eso no se hace.

Así se mata la industria del turismo que da trabajo a taxistas, guías, artesanos, restaurantes, choferes, trenes, textileros, locales de diversión, hoteles, transporte aéreo y terrestre y mucho más.

Hace poco han estado por acá la actual Miss Universo, Fátima Bosch, y la cantante italiana Laura Pausini, quienes se desvivieron en aplaudir la belleza de nuestro país, su comida y su cultura.

De otro lado, el chef Gastón Acurio, el gran promotor gastronómico, nos recordó el legado culinario del Perú, incluso respecto a los postres. Destacó, por ejemplo, a los ricos picarones frente a los buñuelos españoles y otros.

Trabajemos entonces por atraer a más visitantes que dejan sus dólares y permiten crear fuentes de trabajo. Es una industria que no daña el medio ambiente y deja dinero”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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