
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pescadito frito con ensalada rusa y arrocito graneado. Para tomar pidió una jarrita de manzanilla al tiempo. “María, el país sigue en vilo con el conteo de votos por parte de la ONPE, que aún no define quién irá a la segunda vuelta electoral con Keiko Fujimori. Puede ser Rafael López Aliaga o Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Este último, en plena campaña, anunció que utilizaría las reservas internacionales que maneja el Banco Central de Reserva (95 mil millones de dólares) para hacer ‘obras’ y pagar la deuda pública. Es más, aseguró que ‘desde el primer día’ de su eventual gobierno retiraría a Julio Velarde, presidente del BCR, del cargo, argumentando que ‘no representa’ a los peruanos y que su gestión ha estado orientada a ‘mantener contentas a las transnacionales’.
Es una idea descabellada por donde se le mire. Gracias a la gestión de Velarde, la moneda peruana es una de las más sólidas de la región y ha sabido controlar la inflación desde hace más de diez años. No es de extrañar que la izquierda piense de esa manera. Todos los comunistas que llegan al poder empiezan a repartir la plata que no han creado hasta que se acaba y dejan peor a la gente. Así ha sucedido en Bolivia, Venezuela o Cuba.
La izquierda nunca crea riqueza, solo pobreza. No sabe gestionar nada, se entornilla en el poder y es difícil sacarla. Generalmente los líderes socialistas son seres grises, sin talento, charlatanes y resentidos que no saben nada de economía. Pero eso sí, les gusta vivir como los burgueses. Si no, ahí está el ejemplo del compañero Sánchez: vive en un cómodo y lujoso departamento de San Borja, mientras se disfraza de campesino y se pone sombrero chotano para engañar a la gente.
Esa no es la izquierda que necesitamos, sino una moderna, que no sea esclava de la ideología y que abra su mente al mundo. Lo que el Perú necesita es trabajo, inversión, modernidad, tecnología y luchar contra las organizaciones criminales. Roberto Sánchez ya fue gobierno y no hizo nada. ¿Cómo así quiere ser presidente?”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








