
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una milanesa de pollo doradita con arroz graneado, ensalada fresca con vinagreta, ajicito y, para la sed, un refresco de maracuyá.
“María, mientras el país sigue pendiente del conteo de los votos para saber quién pasa a segunda vuelta junto a Keiko Fujimori, los graves problemas del país no se detienen.
Lo digo por los cobardes extorsionadores que siguen baleando a los choferes del transporte público. Esos peruanos de a pie se juegan la vida cada vez que salen a trabajar. Y con ellos también los pasajeros. No es nada justo y más bien es perverso.
El próximo gobierno deberá enfrentar con mano de hierro a estas lacras que enlutan a familias humildes a las que, además, condenan a la miseria.
Qué va a ser de los niños y adolescentes huérfanos que dependían de su padre para seguir estudiando. Sin ese sustento económico, muchos dejan las aulas y se dedican a trabajar en lo que sea para ganar unas cuantas monedas que les permitan comer”.
“El terrible daño que esas alimañas le hacen a las familias y al Perú es tremendo y por eso deben ser castigados sin misericordia. Ahora que Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, tiene posibilidades de pasar a segunda vuelta, me pregunto cómo enfrentaría a la delincuencia.
¿Lo haría de forma vergonzosa como Pedro Castillo, de quien se proclama su heredero? Más aún, cuando va acompañado de Antauro Humala, un sujeto condenado por el asesinato de cuatro policías y que parece haber enloquecido.
Encima, él mismo ha confesado que consume drogas. Como si fuera poco, Sánchez, como miembro de este Congreso, es aliado de la minería ilegal y uno de los principales impulsores de los Reinfos.
La minería ilegal protagoniza masacres, como en Pataz, somete a los trabajadores a terribles condiciones, no paga impuestos ni canon, promueve la explotación sexual, incluso de niñas, y destruye la naturaleza.
Necesitamos un gobernante que enfrente con decisión a las organizaciones criminales, y para eso no puede deberle favores a esos grupos”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








