La Seño María

Pancholón tuvo cita con el urólogo

Médico le dijo que tal vez tendría que operarse, pero el mujeriego de mil batallas tiene terror a las cirugías
(Imagen referencial)

El Chato Matta llegó al restaurante por un poderoso seco de res con frijoles, arroz blanco graneadito y rocoto molido. Para calmar la sed, una jarra con emoliente. “María, estoy ardiendo por dentro de tanto ron. Los meses pasan volando y ya llega el fin de año. El gran Pancholón me timbró para tomarnos un Cartavio XO en las rocas, pero el gordito ya no es el mismo.

Creo que ha sentido la pegada con lo que dijo el urólogo: ‘Señor Panchito, si usted orina varias veces en la noche, tal vez tiene que operarse de la próstata…’. Pero el mujeriego de mil batallas tiene terror a las cirugías. Me dijo: ‘Chatito, tú eres mi hermano, voy a morir en mi ley haciendo el amor una y otra vez’.

Y siempre repite sus famosas frases: ‘Somos los que somos’, ‘dame que te doy’, ‘abre que voy’, ‘la noche es joven’, ‘campeono en una’, ‘la pampa es para todos’, ‘se lo regalo’. ‘Chatito -me dijo-, la gente me pregunta si algún día voy a cambiar, pero no creo. La ‘tóxica’ me cela, hacemos el amor, pero estoy pensando en la ‘grandota’ con quien me encierro en La Posada, tomo la pastilita azul y dejo bien a los varones, no me importa que me dé taquicardia. Nunca podré ser fiel. Tengo el corazón de piedra’.

‘Pancho -le dije-, pon algo de música para alegrar el ambiente’. Abrió la puerta de su camionetón negro, de lunas polarizadas, y puso una salsa dura en la voz del maestro Héctor Lavoe. ‘Me paran siempre en la calle/Mucha gente que comenta/ ¡Oye Panchito, tú estás hecho / Siempre con hembras y en fiestas/ Y nadie pregunta si sufro si lloro/ Si tengo una pena/ Que hiere muy hondooooooo…’.

“‘Chato, nunca pude hacer vida de casado. En las madrugadas tenía pesadillas, quería salir corriendo de la casa. Estoy podrido desde muy joven. Enfermo del sexo. Hace un tiempo estaba por la avenida La Marina y me encontré otra vez con la señora de las cuatro décadas. Ese romance dejó huella en mí. Era guapa y andaba siempre con minifalda. Salíamos con amigos y había varios abogados que me querían ‘partir’, pateaban debajo de la mesa, pero se iban de cara.

‘Panchito -me decía ella en La Posada-, cometí el gran error de mi vida. Fue mi mala cabeza el no casarme contigo, pero la vida da muchas vueltas y siento que podemos recuperar el tiempo perdido’.

Después de hacer el amor me quedé dormido y soñé que me querían partir. Soñaba que un abogado del Callao que me tiene envidia se llevaba a mi trampita. Estoy mal de la cabeza, necesito un psiquiatra, todo el día pienso en sexo’”. Pucha, ese señor Pancholón es un sinvergüenza y cuando sea viejo se quedará solo. Me voy, cuídense.

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