Keiko Fujimori, presidenta del Perú.
Keiko Fujimori, presidenta del Perú.

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una parihuela de pescado y mariscos con arrocito blanco, rocoto y, para tomar, una limonada fresquecita. “María, Keiko Fujimori tiene poco más de un mes en el gobierno y no ha tomado las decisiones necesarias que todos esperábamos para frenar a la delincuencia, que sigue asesinando, extorsionando y secuestrando.

Se esperaba que desde el primer día imponga mano dura, que adopte medidas más contundentes y radicales contra esas lacras, pero vemos que no lo está haciendo. Por qué hasta ahora los criminales siguen realizando llamadas telefónicas desde las cárceles.

Una de las órdenes para que se ejecuten los cuatro asesinatos y el secuestro de un empresario minero en Trujillo salió de un presidio. Por qué hasta hoy no se pueden bloquear las llamadas telefónicas desde las prisiones, por qué no se hacen requisas en las celdas para incautar celulares y chips. Por qué se deja a esos presidiarios seguir ordenando muertes y torturas”.

“Y que quede claro que para ejecutar esas y otras iniciativas contra la delincuencia no se necesita que el Congreso le delegue al Gobierno las facultades legislativas que este le pidió. Solo se necesita decisión y valentía.

El Gobierno debió haber convocado a la Policía, a la Fiscalía, al Poder Judicial, al INPE, para darles un café bien cargado por todos los criminales que han sido liberados rápidamente y por la falta de controles en las cárceles. Incluso, hay asesinos confesos que han vuelto a las calles por tecnicismos o porque se venció el plazo de la prisión preventiva.

¿Cómo es que un juez no puede acusar en nueve o incluso en 18 meses a un homicida? Eso no puede seguir. El Gobierno también debe llamar a las empresas de telefonía para que asuman su responsabilidad en la venta de chips y celulares. No los pueden entregar a cualquiera o permitir que sigan funcionando incluso los reportados como robados. Acabar con eso es responsabilidad de Keiko”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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