La Seño María

Pancholón en el Mundial: Gringa encantada con el ‘salto del chanchito’

Ocho venados rodearon la camioneta de Pancholón: “¡Parecían extraterrestres con los ojos que les brillaban!"
(Imagen creada por Qwen)

El Chato Matta llegó al restaurante por un chaufita de mariscos, una leche de tigre y, para tomar, una chicha morada fresquecita. “María, me timbró al celular desde Estados Unidos el gran Pancholón, el ‘abogado mujeriego’, para contarme sus aventuras en . ‘Chatito, ya llego a mi Callao querido para ir al saunita, acá la estoy pasando de maravillas.

La esposa de Diego González, Denis Sagarvinaga, me organizó un buffet criollo de despedida en Virginia porque me regresaba a Lima después de estar presente en el máximo torneo de la pelotita. La espectacular gringa que me presentó Diego no se me despegaba para nada, pues había quedado encantada con mi famoso e internacional ‘salto del chanchito’.

‘Darling, hazme el salto del puerquito’, me pedía todos los días bien melosa con su español masticado, mientras se me colgaba del cuello. El día de mi despedida estuvo mi gringuita bella.

Con ella, durante una semana, visitamos las ciudades de Maryland, en Nueva Jersey paseamos por los alrededores del MetLife Stadium, que hoy será escenario de la gran final de la Copa del Mundo. Después nos fuimos a Nueva York donde estuve en el Times Square y me crucé con todas las barras de los países que participaron en el Mundial’”.

“‘De ahí nos fuimos a visitar las playas de Virginia Beach, que tienen un parecido a las playas de Ancón por los edificios y por el mar que es tranquilo. Mi amigo Diego me prestó su camionetón para ir a la playa y en el trayecto se nos cruzaban venados y hasta lobos, ya que la carretera está rodeada de inmensos árboles.

De un momento a otro, la gringa insaciable me pidió que me estacione a un costado del camino. Quería que otra vez le haga ‘el salto del chanchito’ y no me pude resistir. Puse una salsita de mi orquesta favorita, Zaperoko: ‘Sigue así, burlándote de mí/ Que ya pagarás ese dolor/ con más dolor/ Y cuando llegue el día/ Al verte de rodillas/ Me burlaré de ti…’.

Ya estaba oscuro y cuando empiezo a prepararme para dejar bien a los peruanos, veo a ocho venados rodeando a la camioneta. ¡Parecían extraterrestres con los ojos que les brillaban! Me asusté y nos fuimos a toda velocidad.

Mi blanca estaba desilusionada, pero le prometí que en la siguiente oportunidad que regrese a tierras gringas, le demostraría mi amor mañana, tarde y noche para que grite ‘¡Oh, yeah, oh, yeah, más Pancholón, my God...’”. Ese señor Pancholón de verdad que es un cochino y sinvergüenza. Va a terminar viejo, solo y enfermo de la próstata. Me voy, cuídense.

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