El Chato Matta llegó al restaurante por un tiradito al olivo y un arroz con mariscos, acompañado de una limonada frozen con hierba buena. “María, el gran Pancholón me mandó un audio de ‘wasap’: ‘Chatito, vente volando al sauna porque ya mandé cambiar las hierbas y están poniendo eucalipto, menta, muña, manzanilla y cascaritas de piña y naranja. Solo cuídate de los ‘malaleche’, envidiosos y largadores’.
Cuando llegué, el gordito estaba con su hermano Beker, más conocido como el ‘Patrón Momo’, y sus hijos, quienes le hicieron una despedida en Arequipa. El abogado mujeriego estaba eufórico porque se va al Mundial a ver los partidos de los dieciseisavos de final. ‘Ya tengo mi entrada, que vale oro, para ver a Argentina frente a Cabo Verde en el estadio Hard Rock de Miami, este viernes 3 de julio.
Recuerdo que estuve en ese estadio en la final de la Copa América 2024, donde Argentina se coronó campeón. Cuando la albiceleste jugó con Perú estuve a dos metros de Messi. Él no jugó, pues estuvo en la banca de suplentes.
Ahí aproveché para saludarlo y decirle: ‘Lionel, saludos a Perú y al diario Trome’. Cuando escuchó su nombre, él estaba mirando a otro lado y voltea su cara, me mira fijamente y me levanta su dedo pulgar. La verdad, con ese saludo del más grande, ya no quise ver el partido y me fui a Miami Beach, al edificio de los Sun Ray Apartments de Ocean Drive, donde se filmó la película ‘Caracortada’ en 1983”.
“Allí llego una linda cubana y empezamos a ver en YouTube la canción que me dedicó N’Samble en la Casa de la Salsa: ‘Con cariño a la gente de Trome. Para Pancholón, rumbo a la Copa América 2024. Viejo zorro, viejo perro’.
Y en eso la orquesta comienza a cantar ‘Me vas a extrañar’: ‘Los besos de mi boca no fueron suficientes/ Para que te quedaras conmigo para siempre/ No me alcanzó el cariño para ver que contenta/ Te amaba como un loco y no te diste cuenta...’.
La verdad, me creía Tony Montana, el personaje de ‘Caracortada’. Ahora que regreso a Miami, ya timbré a mi caribeña para invitarla al estadio a disfrutar del más grande jugador del mundo y, por supuesto, a disfrutar también de mi famoso ‘salto del chanchito’ porque esa vez demolimos el hotel y los gritos de la cubanita se escucharon por todo Florida.
‘Panchito, mi hijo, papi, dale, dale, dale, sigue, sigue, ah, ah, ah’”. Pucha, ese señor Pancholón es un tremendo cochino y sinvergüenza. Nunca cambiará y por eso acabará viejo, solo y enfermo. Me voy, cuídense.
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