Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín con pollo, papita a la huancaína y una jarrita de chicha morada heladita para bajar el calor. “María, sigo conmocionado por la noticia de esa niña de 11 añitos a la que sujetos depravados clavaron dos estacas en la cabeza porque se resistió a ser ultrajada en Ucayali.
La pequeña está grave en el Instituto Nacional del Niño en San Borja, mientras la Policía capturó a uno de los sospechosos del execrable acto. Ruego a Dios que la víctima logre salir con vida y pueda hacer su vida normal en los próximos años, pese a este terrible trauma. Y ruego también que los agentes del orden terminen de capturar a los depravados que le hicieron eso.
Qué nos está pasando como sociedad para tener entre nosotros a esa calaña de gente. Yo que tengo hijos tiemblo de solo pensar que les ocurra algo así a mis pequeños. Por eso los padres debemos ser muy desconfiados con nuestros niños. Siempre estar maliciando algo cuando van al colegio, se reúnen con sus amigos o van a la tienda a comprar.
Uno ya no sabe si el vecino bonachón en realidad es un monstruo o el profesor tan querido manosea a las alumnas. Los papás no deben dejar de conversar con sus hijos sobre lo que les pasa. Darles la confianza para que le cuenten todo, lo que les molesta o angustia.
Y, como sociedad, debemos exigir no solo penas más severas para los violadores o asesinos, sino una educación integral y de valores, desde primer grado de primaria, a fin de que las futuras generaciones respeten a su prójimo y sepan, además, defenderse de los abusadores.
Igual, padres, sigan estos consejos que les serán de mucha utilidad con sus hijos:
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