Lo que comenzó como un local de apenas cincuenta metros cuadrados y algunas bolsas de cemento, en San Juan de Miraflores, hoy se ha convertido en una ferretería que además abastece a otras tiendas del mismo rubro aquí en Lima.
Al comienzo fue algo nuevo, pues antes de vender productos de ferretería, don Pedro, como lo llaman sus trabajadores, se dedicaba a la venta de frutas en el Mercado de Frutas de La Victoria. El negocio no resultó como pensaba, por lo que decidió dejar de cargar jabas para llevar sobre sus hombros materiales de construcción y herramientas.
“El mayor reto fue al inicio. Como muchos emprendedores, tuve que encargarme de todo. Aprendí lo posible sobre los productos que tenía en stock, que no eran muchos, pero sí los que presentaban mayor rotación: fierro, cemento y accesorios de gasfitería”, recuerda.
Nada fue fácil. Hubo momentos en los que pensó seriamente en rendirse, especialmente cuando estuvo a punto de ser estafado con varias bolsas de cemento. Su familia lo impulsó para seguir adelante.
“Un buen ferretero no solo debe atender bien, también debe ser ágil para resolver problemas y generar confianza. Algunos clientes se fueron a la competencia por precios bajos, pero luego regresaron al descubrir que les alteraban el contenido de las bolsas”, afirma el ferretero, que también agradece a UNACEM red Progresol por darle productos de calidad y permitirle entrar a una comunidad de emprendedores que comparten sus experiencias.
También cuida el ambiente laboral. Cree firmemente que un trabajador contento rinde mejor. “De vez en cuando organizamos parrilladas o almuerzos para conversar, recibir feedback y mejorar”, cuenta con orgullo.
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