
El dolor abdominal que aparece sin aviso, la hinchazón persistente y los cambios en el ritmo intestinal pueden parecer molestias pasajeras, pero cuando se repiten, terminan afectando la vida diaria. El síndrome del intestino irritable es un trastorno digestivo frecuente que afecta principalmente el colon. No deja lesiones visibles, pero sí genera incomodidad constante.
Se manifiesta con cólicos, gases, diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos. Es más común en mujeres y adultos jóvenes, y suele intensificarse con el estrés. Su origen es multifactorial: influyen la sensibilidad intestinal, la dieta y el estado emocional.

“Es clave identificar qué alimentos o situaciones desencadenan los síntomas en cada paciente para empezar el tratamiento”, explica la gastroenteróloga Nery Castillo, del hospital Alberto Sabogal Sologuren de EsSalud.
El tratamiento se basa principalmente en cambios de hábitos alimenticios, como ajustar la dieta y evitar grasas, café, gaseosas, algunos carbohidratos fermentables o lácteos, si generan molestias.
Cuando hay dolor, pueden indicarse fármacos para aliviar los síntomas. “Es un trastorno crónico pero benigno; no deriva en cáncer, aunque muchos piensen que sí”, aclara la especialista. Con control médico y una alimentación adecuada, es posible mantener una buena calidad de vida.
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