En la sociedad actual, donde pensar, opinar y vivir diferente a veces genera rechazo y conflicto, toma vital importancia educar en el valor de la tolerancia. Este valor es fundamental en las relaciones de los niños con su familia y con sus iguales.
Las personas tenemos diferentes gustos, religiones y costumbres. Es importante entender que si un compañero de salón prefiere tomar un helado en lugar de comer una galleta, hay que respetarlo aunque no compartamos su gusto.
Lo mismo debemos hacer —y no molestarnos— cuando nuestro amiguito es hincha de un equipo de fútbol que es el rival deportivo del nuestro. Recuerda que el deporte es para divertirse, no para insultar ni pelear.
Con estas acciones estás practicando la tolerancia. Somos tolerantes cuando respetamos a las personas aunque no jueguen, piensen o hablen igual que nosotros. ¡Nadie es mejor ni peor que nadie! La tolerancia no consiste en lograr que todos estén de acuerdo o en que todos pensemos igual, sino en respetar y aceptar que existen ideas distintas.
Otro ejemplo ocurre cuando conocemos a niños que vienen de otros países, con comidas, formas de hablar o costumbres diferentes. En lugar de rechazarlos debemos recibirlos con los brazos abiertos, ya que es una gran oportunidad para hacer nuevos amigos y aprender de ellos.
La peor forma de intolerancia ocurre cuando se ataca, se burla o se aparta a alguien en la escuela o en la calle solo por ser o pensar diferente. Eso es algo que todos debemos rechazar.
La tolerancia tiene su propio día de fiesta. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 16 de noviembre como el Día Internacional de la Tolerancia. Además, existe un documento histórico llamado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que nos recuerda que todo el mundo debe unirse para proteger la diversidad cultural y decirle ‘no’ al rechazo.
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