Un perro puede verse sano, tener energía y buen apetito y, aun así, convivir con parásitos. El problema es que no siempre podemos verlos y algunas señales aparecen cuando ya están afectando su salud.
Las garrapatas pueden transmitir enfermedades como ehrlichiosis y anaplasmosis. Las pulgas pueden causar picazón, dermatitis y hasta anemia. También existen parásitos internos capaces de provocar diarrea, pérdida de peso y otros problemas.
Incluso un perro que sale poco puede estar expuesto en parques, jardines, al convivir con otros animales o al entrar en contacto con tierra contaminada.
Por eso no debemos esperar a encontrar una pulga o garrapata para actuar. La desparasitación debe ser parte de su cuidado preventivo y adaptarse a su edad, peso y estilo de vida. Consultar con el veterinario ayudará a elegir la protección adecuada. Prevenir también es cuidar aquello que no podemos ver.
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