Una otitis no aparece de un momento a otro. Generalmente empieza con señales que parecen poco importantes, como sacudir la cabeza con frecuencia, rascarse las orejas o mostrar molestia cuando intentamos tocarlas. El problema es que, al ignorarlas, la inflamación puede avanzar y convertirse en un problema mucho más difícil de tratar.
Con el tiempo pueden aparecer mal olor, secreción, dolor e infecciones que regresan una y otra vez. Incluso el canal auditivo puede estrecharse, haciendo que el tratamiento sea más prolongado y afectando la calidad de vida de la mascota.
Otro error frecuente es limpiar las orejas en exceso o aplicar gotas sin una evaluación veterinaria. No todos los perros necesitan limpiezas frecuentes y usar productos inadecuados puede empeorar la irritación.
Revisar las orejas con regularidad y acudir al veterinario ante los primeros cambios permite detectar la causa y tratarla a tiempo. En salud, actuar antes siempre será la mejor decisión.
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