COLUMNA ‘FÍSICA Y MENTALMENTE SALUDABLES’. Los alimentos ultraprocesados y los azúcares refinados encabezan la lista de los principales agentes causantes de inflamación celular crónica.
Cuando consumimos refrescos, bollería industrial o comida rápida, el cuerpo experimenta picos drásticos de glucosa en sangre. Esto desencadena la liberación de citoquinas inflamatorias y un estrés oxidativo severo que daña las membranas de las células.
Con los meses y años, esto acelera el proceso de envejecimiento celular a todo nivel. Además, repercute terriblemente en nuestro sistema de defensa, acelerando también la posibilidad de que aparezcan enfermedades raras o autoinmunes.
Asimismo, los aceites vegetales refinados, como los de soja, maíz y girasol, son ricos en ácidos grasos omega-6. Aunque este ácido es necesario, el exceso en la dieta moderna rompe el equilibrio con el omega-3, estimulando vías metabólicas que promueven la inflamación generalizada.
A esto se suman las grasas trans artificiales presentes en mantequilla y alimentos fritos, las cuales elevan el colesterol LDL, engrosando los vasos sanguíneos y alterando el flujo hacia órganos como el corazón, el cerebro y los genitales. Los lácteos y el gluten son proinflamatorios; su consumo con el tiempo lleva a reacciones alérgicas intestinales.
Finalmente, el consumo excesivo de carnes procesadas —como embutidos, salchichas y similares— introduce en el organismo niveles elevados de toxinas llamadas productos de glicación avanzada (AGEs) y nitritos. Estos compuestos dañan los tejidos y perpetúan un estado inflamatorio de bajo grado.
Reducir estos productos es vital para proteger la salud celular y prevenir enfermedades crónicas degenerativas.
Contenido GEC