
Hablar de cuánto gana cada uno, quién paga las cuentas o cuánto pueden ahorrar quizá no parezca muy romántico, pero evitar el tema puede pasar factura a la relación. Compartir la vida también implica aprender a organizar el dinero, establecer responsabilidades y tomar decisiones que resulten justas para ambos.
“El problema muchas veces no es que falte dinero, sino que faltan acuerdos. Una pareja no es una calculadora y dividir todo por la mitad no siempre significa que sea justo”, advierte la psicóloga Juliana Sequera.
Entonces, ¿cómo repartir los gastos? Primero, ambos deben poner las cuentas sobre la mesa: cuánto ganan, qué deudas tienen, cuáles son sus gastos personales y cuánto pueden aportar. A partir de allí, pueden establecer una distribución proporcional a sus ingresos y responsabilidades, y evitar que los desacuerdos por dinero se conviertan, con el tiempo, en reproches, resentimiento y desconfianza.
También deben considerar los aportes que no son económicos. Si uno dedica más tiempo al cuidado de los hijos o del hogar, ese trabajo también tiene valor. “Todo lo que cada uno aporta cuenta, no solo el dinero. La clave está en buscar equidad y no imponer un 50/50”, enfatiza Sequera.
La experta también recomienda acordar qué gastos serán compartidos, mantener cierta autonomía económica y revisar la distribución si cambian sus ingresos o responsabilidades.










