Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un adobo de pavita con su respectivo arrocito graneado y sarsa criolla. Para tomar pidió una jarra de jugo de mango heladito. “María, el peruano no se muere de hambre. La creatividad es uno de nuestros signos más distintivos. Ni siquiera en pandemia nos sentimos vencidos y encontramos la manera de generar ingresos, pese a la estricta cuarentena.
En mi barrio aparecieron los deliveries de todo: comida, medicinas, aparatos, lecciones de baile y mucho más. Somos proactivos y ante un problema no nos echamos a llorar como hacen otros que exigen comida, techo y educación gratis.
Yo aplaudo a esa gente emprendedora y chamba que sale todos los días temprano de su casa para trabajar de sol a sol en pro de un objetivo. Esa gente no se pone a bloquear carreteras ni a apedrear comisarías, sino pone su creatividad al servicio de una idea de negocio.
Así se crearon esos emporios comerciales netamente peruanos como Gamarra, Mesa Redonda y Las Malvinas. Ayer Trome publicó la historia de don Víctor Montaldo Guevara, un taxista de 62 años que ha escrito un libro de relatos y se los vende a sus pasajeros a solo 10 soles.
El hombre, que es conocido como ‘El Arjona del volante’, es ahora una celebridad en redes sociales, pues una de sus clientas subió la historia a Twitter y muchos alabaron su emprendimiento y lo animaron a seguir escribiendo.
Don Víctor ya alista una segunda edición del libro, donde cuenta historias alegres y también alucinantes, como la que vivió con el temible ‘Loco Perochena’, un asaltante de los años 80. También hizo recitar un poema de César Vallejo a la cantante Susana Baca, ganadora de un Grammy de la música.
Contenido GEC