Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unas costillitas a la BBQ con papas fritas. Para tomar pidió una jarrita de limonada frozen. “María, la corrupción en el Estado es el cáncer que debemos desterrar si queremos crecer como país y solucionar todos los problemas de la población.
Según la Contraloría de la República, todos los años esta práctica delictiva le roba a los peruanos 24 mil millones de soles. Se trata del 2.4% del Producto Bruto Interno de toda la nación. Con ese dinero, fácil acabamos con la anemia en la población infantil y compramos equipos como tomógrafos y otros para todos los hospitales de todas las regiones del Perú.
Como ya hemos dicho en la anterior columna, los ladrones de cuello y corbata enquistados en municipalidades, gobiernos regionales, empresas estatales y ministerios se valen de varias modalidades.
Hay muchos empresarios que ‘invierten’ en un candidato, al que entregan dinero para su campaña. Cuando gana, devuelve el favor con licitaciones a dedo y obras millonarias. Las malas autoridades también mochan el dinero con empleados ‘fantasmas’ en planillas. Este dinero va a cuentas de corruptos y pocos se dan cuenta.
Es tanta la angurria y el dinero que se mueve en estas instancias, que ahora muchas autoridades ponen a sus esposas, hermanos, primos o hijos como candidatos a las próximas elecciones regionales y municipales.
¿Ustedes creen que lo hacen por amor al pueblo? Miren nomás estas cifras: Un total de 76 alcaldes provinciales y distritales fueron condenados en primera instancia durante el año 2025 por delitos contra la administración pública, según la Fiscalía Anticorrupción del Ministerio Público.
Además, la Defensoría del Pueblo reveló que en el mismo periodo se reportaron 6 mil 500 casos de corrupción en trámite a nivel nacional. O sea, ‘Los Injertos’, ‘Destructores’ y ‘El Tren de Aragua’ se han apoderado del Estado ya no para asaltar bancos, secuestrar o extorsionar. Una de las primeras acciones de Keiko Fujimori debe ser exterminar a estas lacras”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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