Pancholón y la tóxica
Pancholón y la tóxica

El Chato Matta llegó al restaurante por unas chuletas al horno con ensalada fresca, papitas doradas y ajicito molido. Para la sed pidió una jarrita con agua de manzana heladita. “María, el gran Pancholón es un personaje de aquellos, todo el día habla de sexo y solo piensa en irse a La Posada para hacer su famoso ‘salto del chanchito’, se pone virolo cuando ve a una mujer que le gusta, saca la lengüita y repite sus famosas frases: ‘Dame que te doy’, ‘la voy a hacer mía’, ‘abre que voy’, ‘vete, vete, es para mí’.

El viernes me timbró para invitarme un trago. Me contó que se había peleado con la tóxica porque es enferma de los celos, le había arañado la cara y le gritó: ‘Ya nunca me volverás a ver, gordo cochino, nadie te va a cuidar como yo’.

Como el gordito estaba molesto, llamó a la ‘Señora de las cuatro décadas’, compró una botella de ron y se amaneció en el hostal de los infieles con su ‘incondicional’. Salió del hotel y me mandó un mensaje. ‘Chatito, deja tu carro, baja urgente al sauna privado, pero cuídate de los envidiosos y ‘malaleche’. Vente volando, la cámara de vapor está buenaza’”.

“La cámara hervía a más de 50 grados. El abogado mujeriego me abrazó. Tenía un tremendo collar de oro en el cuello. ‘Chatito, han pasado cuatro años desde que me divorcié de una mala mujer, soy libre, viajo por el mundo, tengo camioneta 4x4, me llueve la chamba, pero no soy feliz. Qué importa, la vida es una sola, nunca voy a cambiar.

Te cuento que la abogada tóxica se arrepintió y me empezó a mandar audios de ‘wasap’ llorando. Me dio pena y la perdoné. Lo malo es que se alucina mi esposa. ‘Panchito, ven a la casa, te he preparado algo rico’, me dijo zalamera.

Nos pusimos a tomar. Los tragos subieron y puse un video de mi causita Josimar cantando una brava de El Canario, ‘Te vas a saciar de mí’: ‘Hace solo un instante/ Éramos dos extraños/ Que se estrechan las manos y comienzan a hablar/ Ahora tú y yo sabemos que nos pertenecemos/ Que esta sed de tu cuerpo, yo la voy a saciar/ Éramos dos ausencias que vagaban sin rumbo/ Que recorren el mundo sin saber donde están/ Ahora tú y yo sabemos que no bastan los besos/ Y esta sed de tu cuerpo, yo la voy a saciar/ Te vas a saciar de mí, más allá de tu alma...’.

El trago me subió, la saqué a bailar, la apreté fuerte y le susurré al oído: ‘Te amo, mi tóxica, gracias por cuidarme’. Pero empezó a gritarme: ‘Oye, viejo zorro, marica, ya leí tus mensajes de ‘wasap’ cuando te quedaste dormido, eres un maldito cochino, te fuiste a La Posada para revolcarte con esa vieja’.

Yo le respondí: ‘Qué te pasa, mi amorcito, ya he cambiado. Ya estoy plantado como Domínguez’. Pero nada. Estaba poseída por el demonio. Mejor me olvido de esta mujer, ya no estoy para enfermas de los celos’”. Qué cochino y sinvergüenza es ese señor Pancholón. Nunca va a cambiar. Va a terminar viejo y solo. Me voy, cuídense.

MÁS INFORMACIÓN:

Contenido sugerido

Contenido GEC