
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín saltado de pollo con harto ajicito. Para tomar pidió una jarrita de maracumango. “María, cuando en febrero pasado asumió como presidente José María Balcázar, tras la caída de José Jerí, tuvo una desafortunada frase: ‘No es difícil gobernar un país’.
Según dijo, solo basta con convocar a las personas más lúcidas y tener sentido común. Pero cuatro meses después estas palabras le explotan en la cara. El país está a la deriva, las elecciones fueron las más irregulares que se conozcan, todos los días asaltan a ciudadanos, la corrupción no ha parado y él se fue de viajecito, con esposa e hijas incluidas, al Vaticano para ver al papa León XIV.
El cargo le ha quedado grande. En realidad no sabe dónde está parado. Balcázar carece de los dotes de un estadista, no sabe de economía y menos dirigir un país. Llegó al cargo de casualidad, pues nadie lo quería en medio de la campaña electoral. Que eso nos sirva de lección. Nunca más elegir al mal menor.
En el país de Balcázar todos los días matan choferes (ya van 65 en este año), queman buses, extorsionan bodegas y asaltan a trabajadores. Además, la anemia sigue golpeando a menores de edad, en especial de estratos bajos, condenándolos a vivir en la pobreza por el efecto negativo en sus capacidades cognitivas. El presidente, en lugar de luchar contra estos problemas, prefiere viajar o visitar a cada rato al golpista Pedro Castillo en el penal de Barbadillo.
Ah, y no hay que olvidar que ha iniciado todo un trámite para indultarlo antes de que abandone el poder el 28 de julio. Si alguien quiere un cargo público, debe prepararse. No basta con salir a una plaza a gritar o azuzar a la gente. Hay que estudiar, perfeccionarse, aprender de economía, manejo del Estado, de seguridad, pero sobre todo convocar a los mejores ministros, directores y administradores.
Gobernar no es fácil. Requiere muñeca, conocimiento, contactos, temple, entereza y honestidad. De todo eso carece el mandatario puesto ahí de casualidad”. Bien dicho por Gary. Me voy, cuídense.








