
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomito al jugo con papas fritas y arrocito graneado. Para tomar, pidió una jarrita de chicha morada. “María, nuevamente nuestra campeona Kimberly García puso en alto el nombre del Perú al coronarse bicampeona del Poděbrady Race Walking en República Checa, una de las competencias atléticas más importantes del mundo.
Nuestra marchista ya se ha llevado la medalla de oro en los campeonatos mundiales de atletismo en Oregon (2022) y Brasilia (2026), así como la de plata en Omán. Además, ha triunfado en Panamericanos y establecido récords mundiales. Y todo esto con poca ayuda del Estado.
¿Qué sería si la empresa privada o el gobierno la apoyara como hacen con los futbolistas profesionales? Ella, sin duda, es un ejemplo para todos los peruanos. No solo por su perseverancia, sino también porque es alguien que se ha hecho desde abajo, con esfuerzo, dedicación y sacrificio”.
“Mientras muchos jóvenes están pensando en las fiestas, la diversión y la juerga (que está bien mientras no se convierta en vicio), ella se va a dormir temprano, se levanta de madrugada para entrenar y luego va a estudiar. Ahora solo le falta la medalla olímpica que esperamos pueda concretar en Los Angeles 2028.
En lugar de estar financiando viajecitos al extranjero de políticos, ministros, funcionarios de Promperú y hasta de miembros de partidos políticos, lo que se debe hacer es impulsar el deporte para que sirva de modelo a todos los jóvenes que son tentados por la delincuencia, la drogadicción y la vagancia.
Ojalá hayan más Kimberlys que nos hagan hinchar el pecho de orgullo. Desarrollemos más centros de alto rendimiento en provincias y Lima. Comencemos por alimentar mejor a todos nuestros niños. Que los deportistas viajen a competir fuera, además de tener un buen trabajo o becas de estudios. En otros países, un deportista ganador es un ‘rockstar’.
Aquí nos olvidamos al día siguiente de un triunfo, como les pasa a los futbolistas que conquistaron la Copa América en 1975 y no les dan la pensión vitalicia que les prometieron”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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