
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tacu tacu con lomo saltado. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada. “María, en los últimos años la minería ilegal ha adquirido enorme poder debido a que mueve más de 12 mil millones de dólares anuales.
Con todo este dinero ha financiado a algunos congresistas actuales y, muy seguramente, tendrá más representantes en las cámaras de senadores y diputados a partir del 28 de julio. Para que tengan una idea de su magnitud: mueve 10 veces más dinero y recursos que el tráfico de drogas. Y como es ilegal, el Estado deja de percibir más de 7 mil 500 millones de dólares por año en impuestos. Pero no se crea que este es el único problema.
La actividad informal está destrozando la naturaleza en todo el país, en especial en la sierra y en la selva. En Madre de Dios, donde antes habían selvas inmensas, ahora hay ¡desiertos! Nadie se puede oponer, pues tiene representantes en este Parlamento y también en el gobierno.
Solo un dato demoledor: ningún candidato tiene una política contra la minería ilegal, lo que revela su influencia. Así que esperamos más territorio arrasado con mercurio o relaves, ríos y lagos contaminados y selvas convertidas en terrales. Poco a poco, la minería legal ha sido relegada, arrinconada.
En especial por la izquierda, so pretexto de la defensa del medio ambiente. Pero cuando ingresa la minería ilegal se callan la boca. Lo estamos viendo en Pataz, La Libertad, donde los ‘parqueros’ y bandas armadas atacan a las empresas formales, derriban torres de alta tensión y ni siquiera temen al Ejército o la Policía. Poderoso caballero es don dinero, dicen.
El próximo gobierno tiene la palabra. O nos convertimos en el México del Cártel de Sinaloa o desterramos esta actividad que no solo es corrupta, sino que depreda nuestro medio ambiente. Ya lo saben. Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), esta actividad recorta hasta en 12% el crecimiento potencial del producto bruto interno (PBI), o sea que es peor que un fenómeno de El Niño”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








