Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un adobo de pavita con lentejas y arrocito graneado. Para tomar pidió una jarrita de agua de cebada. “María, hace cinco años el expresidente Pedro Castillo prometió expulsar a todos los criminales extranjeros. Nada de eso cumplió.

Más bien, esos hampones se han empoderado y convertido en los cabecillas de numerosas bandas delincuenciales de secuestradores, de la trata de mujeres, de extorsión, asalto y sicariato.

Hace poco nomás nueve de ellos plagiaron a un empresario vidriero por el que pedían 80 mil soles de rescate. La familia solo pudo depositarles 15 mil y por eso lo torturaron. La Policía, tras un buen trabajo, logró cercar a los maleantes, quienes se vieron obligados a liberar a su víctima.

Al final, los autores del secuestro fueron detenidos, entre ellos los cabecillas, una pareja de venezolanos. Y hace dos días, la Policía desbarató a la banda ‘Los Temibles de Santa Luisa’, integrada por 14 extranjeros, quienes habían tomado como rehenes a dos empresarios foráneos para exigirles dinero. Los rehenes eran grabados en video junto con armas -entre ellas un hacha-, a fin de aterrorizar a sus familiares para que paguen”.

“El próximo gobierno debe hacer como José Antonio Kast en Chile: dar un plazo a los maleantes extranjeros para que se vayan por las buenas o serán cazados como las bestias hambrientas de sangre que son. Ahora que ya no está el dictador Nicolás Maduro, se debe coordinar con el gobierno de Venezuela para que reciba a sus ciudadanos.

De manera paralela, hay que cerrar las fronteras y declarar a las mafias que permiten la entrada de los ilegales como ‘traidores a la patria’. De nada vale capturar a los delincuentes si permitimos que otros más entren al país. Ya basta de hacerles caso a esas personas que se preocupan más por los derechos humanos de los delincuentes que de los ciudadanos honrados.

La guerra contra el hampa organizada necesita de mano de hierro para traer paz al país. Así defenderemos a la gente pobre, que es la que más sufre por las acciones criminales”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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