Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tacu tacu de pallares con un lomito al jugo montado. Para tomar, una chicha morada fresquecita. “María, el caos vehicular en varias ciudades del Perú es una pesadilla. Pero lo es más en Lima, donde cada día cientos de miles de personas padecen una verdadera tortura.
Viajes que deberían durar quince o veinte minutos tardan una hora o más. Esta situación va acabando con las personas poco a poco. La salud física y emocional se ven minadas de manera constante y permanente. Son varias horas a la semana, al mes y al año que niños, jóvenes, mujeres, adultos y ancianos pierden para siempre en un bus o en sus vehículos, atrapados en el tráfico infernal.
En lugar de pasar ese tiempo trabajando, estudiando, descansando o con la familia, los peruanos nos vemos obligados a permanecer encerrados en un transporte casi siempre incómodo, amontonados en el bus, la combi o el tren”.
“Somos rehenes de un sistema terrible donde el ciudadano es lo que menos importa. Es indigno y no lo podemos seguir tolerando más. Pero a las autoridades parece que esta situación humillante no les importa mucho.
Sin embargo, mañana jueves comenzará el plan piloto de treinta días en un tramo de la avenida Arequipa, que será una vía exclusiva, de ida y vuelta, para el Corredor Azul. Se busca reducir el tiempo de viaje para miles de personas y mejorar la circulación del transporte público.
Ojalá que esta iniciativa tenga éxito. El Gobierno debería crear una comisión especial que se encargue de diseñar las estrategias para comenzar a terminar con el caos del transporte. En estos tiempos de inteligencia artificial y de grandes avances, el Perú debe modernizarse. Todo es cuestión de decisión política.
El alcalde Renzo Reggiardo anunció hace unos meses el inicio este año de la semaforización inteligente de la ciudad que, afirmó, nos pondrá a la altura de las grandes capitales del mundo. Todos esperamos que se resuelva este problema”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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