Cuba (YAMIL LAGE / AFP)
Cuba (YAMIL LAGE / AFP)

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una tortilla de raya con salsa criolla y yuca sancochada. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada. “. Luego del triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, cuando el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista, todo ha ido hacia atrás.

El régimen socialista solo ha traído atraso, pobreza y desesperanza. Un ejemplo es La Habana, la capital de la isla. Antes del triunfo castrista era una de las urbes más adelantadas de la América de habla hispana. Fue la primera fuera de Estados Unidos en transmitir televisión a color y pionera en Latinoamérica con alumbrado público eléctrico, tranvías y automóviles tempranos. En los años 50 superaba a Miami en población y construcción de rascacielos a principios del siglo XX”.

“Tenía una alta tasa de electrificación, superior a muchas partes de España en esa época. Por mi trabajo, María, he visitado La Habana algunas veces. Lo que uno encuentra ahora es una ciudad bombardeada por la dejadez, la pobreza y la destrucción. Las calles del casco viejo son una desolación, sucias, con las antiguas mansiones derruidas, cerros de basura por todas partes y con gente deambulando sin nada que hacer.

Ah, pero los jerarcas, los militares de alta graduación, los funcionarios viven en el Vedado, el barrio rico de La Habana, con todas las comodidades posibles que ni soñando tiene el pueblo. Porque así son los comunistas: solo llegan al poder para vivir como los burgueses, a quienes fustigan en sus discursos, pero que en el fondo envidian. Entonces, apenas toman el poder viven como ellos.

En Cuba no hay democracia, elecciones ni alternancia en el poder. Solo existe una dictadura que no deja la mamadera desde hace 67 años. Los cubanos padecen hambre, apagones y falta de libertad. Por eso ruego para que el Perú no caiga en las garras del socialismo empobrecedor. Democracia sí y distribución equitativa de la riqueza, pero dictadura no”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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