
Este Búho, pasadas dos semanas de la lamentable jornada electoral del domingo 12 de abril, reflexiona sobre lo que pasó en ese aciago día para la democracia en el Perú. En mi opinión, es evidente que hubo la intención de perjudicar a uno o más candidatos, para favorecer a otro. Es lo que sucedió, aunque algunos se tapen los ojos y prefieran pasar este mayúsculo escándalo por agua tibia y seguir adelante porque conviene a sus intereses o deseos.
UN PLAN ORGANIZADO. Coincido con el analista político Juan Sheput quien, en entrevista con Trome, señaló que se llevó a cabo una orquestación, una estrategia para evitar que voten un millón y medio de ciudadanos en Lima. Rafael López Aliaga fue el más perjudicado, pero también la misma Keiko Fujimori, Jorge Nieto y hasta Carlos Álvarez. La capital de la República concentra un tercio de los votos del país y acá Roberto Sánchez solo tenía un apoyo mínimo de tres por ciento. Su voto es rural, como quedó demostrado.
Si todos los habitantes de Lima que acudieron a votar desde temprano lo hubieran hecho -pero se les impidió con la demora de cinco horas o más en la instalación de mesas- en este momento Sánchez no estaría en el segundo lugar.
‘PORKY’ LÓPEZ ALIAGA. El candidato de Renovación Popular es un personaje que muchos rechazan porque es habitual verlo fuera de sí insultando. Aborrece las críticas y es capaz de considerar cualquier pregunta de un periodista como un ataque personal, ante lo que reacciona en forma desmedida. En este diario no tenemos ningún tipo de relación con él y, es más, durante toda la campaña se negó a darnos una entrevista, pese a que se lo solicitamos en varias oportunidades. Pero para nosotros prima la verdad y esa es que él fue el gran perjudicado con lo que perpetró la ONPE de Piero Corvetto, al que hoy, increíblemente, algunos buscan presentar como un ‘mártir’ de la democracia, una ‘víctima’.
Hasta el mismo César Hildebrandt señala que López Aliaga es el mayor afectado con los problemas ocurridos en Lima por la falta de material electoral. Ese desmadre no se vio en Azángaro, Madre de Dios o Bagua y otras zonas alejadas. Eso no es casual.
UN PAÍS POLARIZADO. Una de las conclusiones que se pueden extraer de los resultados de la votación es que tenemos un país partido. Y si luego de la revisión de las miles de actas observadas se confirma que Sánchez pasa a segunda vuelta, tendremos una elección igual a la del 2021 con Pedro Castillo y Keiko Fujimori. Con discursos de odio, con mucho resentimiento, con absurdos afanes revanchistas.
Veremos cómo ciertos personajes volverán a operar para dividir más a los peruanos porque eso les conviene electoralmente. Así, enfrentarán a los provincianos con los ‘limeños’, aún cuando en la capital la inmensa mayoría son precisamente provincianos e hijos de provincianos.
LOS SOCIOS DE ANTAURO. Es increíble que el odio y el resentimiento hagan que personas pensantes apuesten por un orate como Antauro Humala, quien acompaña a Roberto Sánchez en su aventura por tomar el poder. Humala fue condenado a 19 años de prisión por el asesinato de cuatro policías en el ‘Andahuaylazo’, algo de lo que no se arrepiente y, en cambio, se ufana. Es un drogadicto que planea secuestrar al rey de España (sic), para lo que ha reiterado que enviaría a Europa un comando especial con el fin de ejecutar dicho plan y así ‘vengar’ la captura de Atahualpa. A este psicópata, que desea en público la muerte de su hermano Ollanta, los ‘líderes de opinión’ de la izquierda, que se autoproclaman los abanderados de la dignidad y del respeto a la democracia, hacen de todo para lavarle la cara ante los electores. Alucinante.
EL JURADO TAMBIÉN ES RESPONSABLE. De manera preocupante, el Jurado Nacional de Elecciones, que dirige Roberto Burneo, está dando validez a unas elecciones manchadas. Esto es más grave de lo que se piensa y va mucho más allá de los reclamos ‘de un mal perdedor’, como están señalando de manera interesada quienes buscan minimizar esta crisis.
No sabemos lo que va a resultar de todo esto y ojalá no se llegue a la violencia, pero definitivamente le quita legitimidad al próximo gobierno. Y es probable que todo empeore en las próximas semanas, pues la gente ya no confía en los órganos electorales. Es una gran interrogante lo que ocurrirá en la segunda vuelta. ¿Se respetará la voluntad popular en esa instancia decisiva? ¿El voto que los peruanos emitirán el domingo 7 de junio contará o también será arrojado a la basura? Esas son las preguntas que mucha gente se hace. Terrible. Apago el televisor.
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