
Este Búho abre sus ojazos, va a los mercados, sube al Metropolitano, toma taxi y conversa con los conductores para conocer lo que la gente siente y piensa. Es imprescindible tomarle el pulso a la calle. Siento que hay bastante indignación por el desastre en las elecciones del pasado domingo 12 de abril en Lima.
‘Búho, no nos han dejado votar para que entre su candidato. ¡No es justo!’, me dice una enojada vendedora de pescado. Muchísima gente se quedó sin votar por la demora de la ONPE, del inefable Piero Corvetto, en instalar las mesas de sufragio y están seguros de que lo hicieron a propósito para impedir que los ciudadanos elijan. Eso es torcer la voluntad popular y es el mayor pecado, que no tiene perdón, en una democracia.
Cada cinco años los peruanos vamos a las urnas para con nuestros votos darle el poder a una persona que se convertirá en presidente y es terrible que alguien o algunos, por su ideología, decidan impedírselo a un sector, en determinado lugar, porque creen que no votarán por su candidato.
Lo ocurrido ese día es atroz para el país porque queda la sensación generalizada de que estas elecciones no han sido transparentes y no reflejan la decisión real de los peruanos. Así, sea cual sea el resultado, le quitan legitimidad al próximo gobierno. Lo debilitan.
Encima, parece que ya está decidido que no habrá elecciones complementarias en esos lugares donde cientos de miles se quedaron sin votar, no por su culpa, sino por la ONPE, algo que celebran los representantes de la izquierda que repiten en coro el argumento de que ‘se debe respetar la voluntad popular’. ¿Y quién respeta la voluntad de esos miles de peruanos a quienes se les impidió votar?
Miles y miles que fueron temprano a sus mesas y nunca fueron instaladas. Se regresaron y no volvieron. Todo eso fue premeditado. Como si fuera poco chillan porque fue aceptada la renuncia de Corvetto, tachándola de ilegal y que de esa forma ya no hay garantías de unas elecciones transparentes.
No es sarcasmo ni un mal chiste. Eso es lo que dicen una y otra vez sin ruborizarse, como si todo este caos no hubiera sido provocado precisamente por Corvetto, cuya permanencia hubiera enturbiado más estas elecciones ya manchadas sin remedio. Pero así es la izquierda peruana.
Y en el colmo del descaro, ahora hacen como que aquí no pasa nada, dicen que solo hubo ‘pequeños errores’ puntuales que deben ser corregidos y que la segunda vuelta se realice con toda normalidad. Esa es la narrativa que ahora buscan imponer.
Veo en redes sociales a numerosos representantes de la izquierda, muchos de ellos actuales y virtuales nuevos congresistas de diferentes partidos, avalando las escandalosas elecciones del domingo 12 porque Roberto Sánchez, su candidato ideológico, se mantiene en segundo lugar y están seguros de que pasa a la segunda vuelta.
No les importa que el criticado congresista, quien también fue denunciado por ‘mochasueldo’, intente llegar al poder junto a un asesino de policías como Antauro Humala y con oscuros personajes como Iber Maraví, ligados al Movadef, el brazo político de Sendero Luminoso, creado por pedido de Abimael Guzmán, alias ‘presidente Gonzalo’.
Increíble el grado de odio y resentimiento. Pero como decía, con Sánchez en el segundo lugar, con una ventaja de cerca de 20 mil votos sobre Rafael López Aliaga, la izquierda se siente en segunda vuelta y exige ‘respeto’ al cronograma electoral. Pero vuelvo a preguntarme, cuál sería su actitud si el caos provocado en Lima hubiera pasado en Cajamarca y las regiones del sur del país, impidiendo que miles voten por Sánchez.
Seguro ya estarían tomando aeropuertos y quemando fiscalías y comisarías porque ‘se impidió al pueblo expresar su voluntad’. La ONPE es el mayor culpable de esta crisis electoral, pero no es la única. El Jurado Nacional de Elecciones, que encabeza Roberto Burneo, así como el presidente José Balcázar, otro comunista radical, también tienen responsabilidad.
Ellos, como Corvetto, tenían la misión de garantizar el derecho al voto de todos los peruanos y no lo hicieron, así que también deben pagar por su irresponsabilidad. Se viene la segunda vuelta y la gente tanto dejó de creer en los organismos electorales que muchos dudan de que haya imparcialidad, rigor y capacidad para llevarla a cabo de manera transparente, aún sin Corvetto.
El daño que estos y otros personajes le han hecho al país es enorme y las graves consecuencias las iremos viendo y padeciendo en las próximas semanas, meses y años. Por eso, el país no puede actuar como si nada hubiera ocurrido. Porque lo volverán a hacer. Apago el televisor.








