
Aunque peruanísimo por su referencia a un tradicional distrito limeño, el refrán ‘el que se fue a Barranco, perdió su banco’ tiene su origen en España.
Este dicho popular nos enseña que cuando uno descuida su lugar, su cargo, su oportunidad o hasta su condición, se expone a que otra persona lo tome y no se pueda recuperar lo que se dejó.
Se trata de una metáfora (decir una cosa —en este caso, banco— para resaltar otra —situación o cargo—), en que se advierte que estar ausente causa la pérdida de lo nuestro.
El origen del refrán está en la expresión española ‘el que se fue a Sevilla, perdió su silla’, que surgió en el siglo XV a raíz de la disputa entre Alonso de Fonseca el Viejo (tío), arzobispo de Sevilla, y su sobrino, Alonso de Fonseca el Joven, nombrado arzobispo de Santiago de Compostela.

Como la situación era agitada en Santiago de Compostela, el tío fue allá para arreglar las cosas y dejó en Sevilla a su inexperto sobrino, para que aprenda a ejercer el cargo, como arzobispo interino.
Ya todo arreglado, el tío volvió y su sobrino se negó a devolver el cargo al veterano arzobispo que, por irse de Sevilla, ‘perdió su silla’.
Al final y tras un gran lío, Alonso de Fonseca el Viejo recuperó su puesto de arzobispo en Sevilla por orden del papa Pío II.
DATITO
Aunque la adaptación peruana sustituye ‘Sevilla/silla’ por ‘Barranco/banco’, ello para aterrizar el refrán en un contexto local, limeño en este caso, existen otras frases muy populares en países de habla castellana y que tienen significados similares a ‘el que se fue a Barranco, perdió su banco’, con variantes de localidades regionales de España: ‘El que fue a Jerez, la perdió otra vez’ y ‘el que se fue a Morón, perdió su sillón”.










