
El Imperio de los incas debió a su poderoso ejército el llegar a ocupar, en su máxima extensión (siglo XVI), parte de lo que hoy son Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Ecuador y Colombia.
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Su fuerza militar, liderada por el inca, contaba con generales, comandantes y soldados equipados con estas armas:
- Mazas o porras: Piedras o piezas de metal o piedra, redondas o estrelladas, que tenían un agujero central por donde se encajaba un mango de madera. Solían tener seis puntas. Se usaban para golpear al enemigo que se tenía al frente.
- Hachas o ch’iqtanas: Con hojas de piedra, cobre o bronce, la cabeza o pala afilada se amarraba firmemente, con cuerdas y tendones de animales, al mango habitualmente de madera resistente, como la chonta. Igual que la maza, era para pelear cuerpo a cuerpo.
- Hondas, warakas o huaracas: Tiras o trenzas con una parte central más ancha para colocar un proyectil (piedra). De lana o fibra trenzada, medían hasta dos metros de largo. Se las hacía girar sobre la cabeza, con sus dos extremos sujetos a una mano, y luego se soltaba una de las puntas y el proyectil salía disparado con fuerza.
- Bolas: Eran tres piedras atadas con una soga, a manera de manojo. Se hacían girar sobre la cabeza y al arrojarlas se enroscaban en cuello, piernas o brazos del enemigo.
DATITO
Para proteger su anatomía, los guerreros incas usaban camisas de algodón acolchado y piezas de telas atadas al cuerpo, tan eficientes que algunos españoles las emplearon en lugar de sus pesadas armaduras. Los incas también usaban cascos de madera para proteger sus cabezas y escudos de madera forrados en tela, pequeños y portados en una mano, para con la otra, con una hacha o porra, combatir cuerpo a cuerpo contra el enemigo.










