Es común que cuando una mascota se siente mal, alguien le dé un medicamento que quedó de un tratamiento anterior o uno de uso humano.
Aunque la intención sea ayudar, automedicar puede poner en riesgo su vida, porque no procesan los medicamentos igual que las personas.
Algunos fármacos que son seguros para nosotros pueden causar intoxicaciones graves, dañar el hígado, los riñones o provocar hemorragias. Además, medicarlos sin un diagnóstico puede ocultar los síntomas y retrasar el tratamiento correcto.
También es un error suspender un tratamiento antes de tiempo o cambiar la dosis. Cada medicamento tiene una indicación y debe ser administrado bajo supervisión.
Cuando una mascota presenta vómitos, diarrea, dolor o cualquier cambio en su conducta, lo mejor es ir al veterinario. Actua a tiempo y no intentes resolver el problema con remedios improvisados.
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