APRENDIENDO CON TROME. El 5 de junio de 1880, el coronel Francisco Bolognesi expresó su voluntad, y la de sus oficiales y soldados, de dar la vida en defensa de la patria invadida por Chile.
En el cuartel general peruano en Arica -la Casa de la Respuesta- el comandante de la plaza recibió al emisario chileno, mayor Juan de la Cruz Salvo.
“El jefe del Ejército de Chile, deseoso de evitar un derramamiento inútil de sangre, después de haber vencido en Tacna al grueso del ejército aliado (en la Batalla del Alto de la Alianza), me manda pedir la capitulación de esta plaza, cuyos recursos en hombres, víveres y municiones conocemos”, expresó Salvo.
Y Bolognesi respondió: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”.
“Entonces está cumplida mi misión”, señaló el chileno.
Bolognesi pidió un momento para ratificar su decisión con sus oficiales -incluidos Alfonso Ugarte, Justo Arias y Roque Sáenz Peña-, quienes entraron a la sala y respaldaron la decisión de defender Arica.
Salvo se despidió y dijo a Bolognesi: “Lo siento mucho, coronel, la suerte está echada”.
Dos días después, el lunes 7 de junio de 1880, se libró la Batalla de Arica con la derrota peruana ante las tropas invasoras superiores en número y armamento. Y Bolognesi, Ugarte, Arias y otros valientes murieron en defensa del Perú.
El 28 de mayo de 1880, ante el inminente ataque a Arica, Francisco Pizarro reunió a sus 31 jefes para informarles que daría la vida en defensa del suelo peruano. “¡Arica no se rinde!”, le respondieron, salvo el coronel Agustín Belaunde Magariños, del batallón ‘Cazadores de Piérola’. El 1 de junio, al traicionar a la patria, Belaunde huyó de Arica junto al sargento Manuel Revollar, el capitán Pedro Hume, los subtenientes Enrique F. Dávila y Simón Quelopana, y el sargento 2⁰ Gavino Vargas.
Contenido GEC