Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una tilapia frita con arrocito blanco, lentejitas bebé y ensalada de cebolla y pepino. Para tomar pidió chicha morada. “María, terrible lo que pasó con los hermanos venezolanos que soportaron dos terremotos de 7.2 y 7.5 casi al mismo tiempo.
Las imágenes del momento del sismo son abrumadoras. Los edificios de departamentos se caen como castillos de naipes ante el sacudón y los pobladores huyen como si estuvieran en el infierno. La razón es que el temblor fue superficial, es decir, que lanzó como si fuera una resortera a los inmuebles y población. En algunos lugares la destrucción es total. Lamentablemente, conforme remuevan los escombros se elevará el número de fallecidos.
Lo peor son las réplicas a cada rato que no dejan trabajar a las brigadas de rescate. Esto que acaba de pasar en Venezuela debería llevarnos a la reflexión porque el Perú está en el llamado ‘Cinturón de fuego del Pacífico’, una zona de mucha actividad volcánica y donde se encuentran dos placas continentales que al friccionarse producen los más mortales terremotos.
El mayor que se recuerde en Perú sucedió hace más de 200 años, cuando no éramos un país independiente. Las crónicas hablan de Lima y el Callao completamente arrasados con gran número de muertos. Esperamos que cuando vuelva a ocurrir no mate tanto. Para eso:
Gary tiene razón. A seguir estos consejos y nuestra solidaridad con Venezuela. Me voy, cuídense.
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