Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín al pesto con milanesa. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada. “María, los malditos extorsionadores siguen matando choferes, cobradores y ahora pasajeros.
No les importa nada con tal de conseguir sus infames cupos. Ayer, un grupo de sicarios baleó el bus de la orquesta Las Estrellas de la Cumbia, en Los Olivos, dejando tres personas heridas.
Según Julio Bretoneche, dirigente de transportistas de Lima Sur, entre agosto de 2024 y mayo de 2026, solo en Lima Metropolitana y Callao, se ha registrado 214 atentados contra el transporte público. Además, hubo 283 víctimas, de las cuales 152 fallecieron y 131 resultaron heridas.
Agregó que entre los fallecidos figuran 15 usuarios y que los atentados siempre se han producido en motos o en la modalidad de falso pasajero.
‘Hay algunas capturas, pero los resultados que se quieren y que darían tranquilidad al transporte no los tenemos, porque todas las empresas siguen pagando extorsión, no solo a una banda, muchas pagan a tres, cuatro, y hay empresas que pagan a más todavía’, indicó”.
“Ante este panorama, la presidenta electa Keiko Fujimori debe aplicar mano dura: penas más altas para los extorsionadores y sicarios, construir cárceles de máxima seguridad en la puna, modificar las leyes para ‘enterrar’ en vida a los delincuentes más avezados, cerrar las fronteras y expulsar por cualquier medio a los extranjeros que cometan delitos.
Las batidas deben ser permanentes, todos los días y las 24 horas del día. Se deben cerrar los antros, vigilar las casas de alquiler, los negocios de los hampones y seguir la ruta del dinero, como viene haciendo la Unidad de Inteligencia Financiera de la Policía. Y también empoderar a las fuerzas del orden. Que no tengan miedo de disparar y abatir a los delincuentes.
No les hagan caso a los fiscales ideologizados que defienden con desesperación ‘los derechos’ de los asesinos y olvidan a los ciudadanos honestos. Solo así nos libraremos de la peor lacra que sale a las calles”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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