Matan choferes y Balcázar bien gracias.
Matan choferes y Balcázar bien gracias.

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pollo a la naranja con papa sancochada y arrocito. Para tomar pidió una jarrita de manzanilla tibia. “María, dos sicarios armados y en moto asesinaron ayer a balazos al conductor de una combi e hirieron a un pasajero, en Carabayllo.

En medio del pánico, el conductor de otra miniván de la misma ruta que presenció el atentado embistió a los criminales en su intento de fuga, dejando lesionado a uno de ellos.

Fritzon Quispe Ramos, nombre del transportista, es el conductor número 70 que es asesinado por las mafias. Y, mientras tanto, en el mundo de Narnia en el que vive el presidente José Balcázar, no pasa nada.

Está más preocupado en armar la estrategia para sacar del penal de Barbadillo al golpista Pedro Castillo, que en defender al pueblo. Los que mueren a manos de extorsionadores, sicarios y asaltantes son gente pobre, trabajadora.

Las autoridades tienen guardaespaldas o, como en el caso de ministros, congresistas, el presidente de la república y otros, son resguardados por ejércitos de policías”.

A Balcázar le quedan apenas 18 días para dejar el poder pero hace cualquier cosa, menos trabajar por la gente. Este ha sido uno de los peores gobiernos de transición. Balcázar no sabe ni cómo llegó ahí.

No estaba preparado y se nota porque los fines de semana en lo único que piensa es en viajar a su tierra, Lambayeque, acompañado de la familia, amigos y otros más, con la plata del Estado. Así no se gobierna.

Keiko Fujimori debe trazarse un objetivo: no descansar hasta pacificar el país, eliminar a toda la lacra de la delincuencia y que nunca más se tenga que pagar cupos para trabajar. Debe hacer más cárceles y no liberar a delincuentes.

Haga leyes más duras para que los mafiosos no salgan nunca a la calle, que los policías puedan usar sus armas para abatir rateros, que se castigue la corrupción y los extranjeros malhechores sean expulsados. No los queremos.

Que los hampones vuelvan a tener miedo de la sociedad”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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