El Chato Matta llegó al restaurante por una jalea de pescados y mariscos, y para la sed pidió una limonada frozen. “María, me timbró al celular mi hermano Pancholón. ‘Chatito, vente volando a mi sauna preferido del Lawn Tennis, donde estoy con los socios de la Cámara del Tenis. Cuidado que te vayan a seguir los largadores y malaleche’.
Cuando llegué, Pedrito ya tenía preparada la cámara de vapor con eucalipto, cáscara de naranja, piña y su manzanilla. Pancholón estaba rodeado por sus amigos Agüero, Omar, el ‘profe’ Nino, Ocampo, José y el general Ramírez, el popular ‘Chorri’. Todos le pidieron: ‘Cuéntanos qué pasó en la fiesta por los 25 años de abogado de Nicolás Sánchez’.
El abogado mujeriego se puso a relatarles los pormenores: ‘Fui a la fiesta con la abogada tóxica venezolana. Estaban cantando los integrantes de N’Samble y comenzaron a saludarme: ‘Señores, llegó el viejo zorro, el tramposo de los tramposos. Si una dama quiere sus servicios como abogado, y si al doctor Pancholón le gusta, no cobra nada, como decía mi tío Augusto Ferrando’.
Al escuchar eso, a la tóxica le cambió la cara, se molestó y me exigió: ‘Vámonos, todos te conocen que eres un hombre tramposo y cochino, que no respeta a nadie’”.
“La tóxica estaba volando de cólera y, encima, se me acerca una chamita con un cuerpo de guitarra y me dice: ‘¿Tú eres el gran Pancholón?’. Le respondí que sí y la chica le dijo a la tóxica: ‘Amiga, disculpa, tengo unos problemas judiciales. ¿Me permites cinco minutos para conversar con el doctor?’.
La tóxica hacía hígado, pero sabe que cuando se trata de chamba y monedas, ella no tiene que decir nada. En ese momento comenzaron a cantar ‘Jardín prohibido’: ‘Esta tarde vengo triste/ Y tengo que decirte/ Que tu mejor amiga/ Ha estado entre mis brazos/ Sus ojos me llamaban/ Pidiendo mis caricias/ Su cuerpo me rogaba/ Que le diera vida/ Comí del fruto prohibido/ Dejando el vestido/ Colgado de nuestra inconsciencia/ Mi cuerpo fue gozo durante un minuto/ Mi mente lloraba tu ausencia/ No lo volveré a hacer más/ No lo volveré hacer máaas...’.
En medio de ese tema, la chamita me susurró al oído: ‘Era un pretexto que tengo problemas legales, te sigo en las redes, eres mi ídolo. Me muero por saber cómo es el triple ‘salto del chanchito’ y que me narres los partidos con tu frase celebre ‘y gol, y gol, y gol, y gol’, que es tuya desde los años 80’.
Yo pensaba ‘y ahora qué hago, no puedo perder esta oportunidad, está linda esta chamita’. En un segundo se me ocurrió algo y fui donde la tóxica: ‘Mi amor, ella es mujer de un bravo que me quiere contratar. Hay hartas monedas. Voy a pedir un aplicativo, te vas a la casa y después conversamos’.
Me miró seria y me dijo: ‘Está bien, si se trata de trabajo tú sabes que no hay problema’. Cuando se fue le dije a la chama: ‘Vámonos a La Posada, el lugar perfecto de los infieles. Allí vas a saber cómo es mi famoso ‘salto del chanchito’. Solo les diré que dejé bien a los varones. La chamita no paraba de decir ‘ah, ah, ah, ah’. Salud por ellas aunque mal paguen’”. Ese señor Pancholón no cambiará nunca, sigue en sus cochinadas y encima está mal de la próstata. Me voy, cuídense.
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