
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unas papas rellenas con arrocito y salsa criolla. Para tomar pidió una jarrita de naranjada heladita. “María, tanta es la corrupción en el INPE, que ya no hay ningún penal seguro en el país. Es el colmo que en Ancón I se halla encontrado ¡un laboratorio de droga y un locutorio! Todo a vista y paciencia del director.
Y en la cárcel de Challapalca, Tacna, a más de 4270 metros sobre el nivel del mar, se acaba de encontrar que desde un cerro cercano se daba línea de Internet a los presos. Además, un interno murió acuchillado por un rival y otro se suicidó en su celda. ¿Qué hacer ante esta situación? Lo primero, cerrar el INPE.
La corrupción ya ha hecho metástasis allí. No solo son sus agentes, también los funcionarios y directores. De nada vale cambiarlos de penitenciaría. En el Perú, son los presos los que mandan en las prisiones. Ellos venden los colchones, las celdas, la comida, las drogas, los celulares, las líneas de teléfono y hasta se atreven a amenazar a los jueces.
Yo creo que se deben tomar decisiones radicales, una de ellas, la privatización de los penales. Nada de enviar a los militares, porque se corre el riesgo de que sean infiltrados por el hampa. Don dinero manda donde sea. Vean nomás lo que ha pasado en Pataz, donde un capitán del Ejército, jefe de inteligencia en la zona, ha sido detenido porque extorsionaba a la gente. Incluso, utilizaba en esa tarea a drones.
Se debe convocar a empresas que aseguren un servicio de calidad y cero corrupción. Pagarles bien y exigirles resultados. Por fuera, la Policía debe seguir golpeando los inmuebles desde donde se da Internet y línea de teléfono a los presos. El Gobierno, de forma paralela, debe construir penales inexpugnables, como en El Frontón.
La idea es enviar allí a los cabecillas, a los criminales más avezados para que no vuelvan a salir nunca y no tengan comunicación con el exterior. Ahora que la presidenta Keiko Fujimori viajará a El Salvador, que vea cómo funciona el Cecot, la cárcel donde están los maras salvatruchas. Así debemos tener en el Perú”. Me voy, cuídense.








