
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín saltado de carne con ají. Para tomar, pidió una jarrita de limonada frozen. “María, el Poder Judicial, en gran decisión, condenó a cadena perpetua al criminal venezolano Francar José Reaño Sánchez (36), ‘Fran’, por secuestrar y asesinar en el 2023 al comerciante de repuestos de autos Jesús Acuña Giordano (51), luego de exigir a la familia un pago de 300 mil dólares.
La misma pena se aplicó a su cómplice Samir José Noureddine Medina (29), ‘Samir’, quien arrojó el cadáver cerca del ‘Pentagonito’, en San Borja. Los crueles extranjeros se ensañaron con la víctima y antes de ultimarla la torturaron. Desde hace más de una década, Hugo Chávez y Nicolás Maduro abrieron sus cárceles en Venezuela a los delincuentes más sanguinarios, como los del ‘Tren de Aragua’, para que emigren a otros países, entre ellos al Perú, a fin de seguir delinquiendo”.
“Por culpa de malos políticos y autoridades, nuestro país los dejó entrar como ‘Pedro por su casa’ por la frontera norte. Casi de inmediato se apoderaron de casi toda la ‘industria’ del delito en Lima y las grandes ciudades: prostitución, secuestro, asaltos, extorsión, minería ilegal y estafas. Gracias a la mano blanda de jueces y fiscales ideologizados, que como Marisol Pérez Tello, excandidata presidencial, creen que el asesino cortacabezas, el extorsionador que dispara a choferes y pasajeros de micro o el sicario que no duda en matar niños o ancianos, pueden regenerarse, son detenidos y luego liberados por ‘falta de pruebas’.
Por eso, esta vez el magistrado estuvo muy bien enviando a la cárcel de por vida a esos dos asesinos. Ojalá el próximo mandatario haga lo que pide la mayoría: construir cárceles para los hampones más sanguinarios y que estos no tengan visitas ni contacto con el exterior. También debemos cerrar nuestras fronteras y expulsar a todos los ilegales. Cambien las leyes porque estamos en guerra contra el hampa. Suficientes problemas tenemos para admitir a delincuentes internacionales”. Muy bien por Gary. Me voy, cuídense.








